El cielo, las estrellas y la luna,
el sol, el verano y las palmeras,
la tarde, la noche y hasta mis tristezas
te traen a mí en la plenitud de tu hermosura.
Quiero decirte que hasta este día me has visto reír
y también me has visto llorar;
pero por tu ausencia vida mía
es que he tenido que aprender a sufrir.
Siento como la muerte algo tan frío
que se ha estado acercando hasta mi,
que me ahoga y aún me impide respirar:
creo que fueron las negras alas del olvido.
Y esta ha sido una sensación fatal
que me ha sumido en el dolor
pues el desespero que lastima
cuesta tanto llanto e insufrible pesar.
Mis propios pasos me alejaron de ti,
amargas sílabas pronunciaron despedida;
cuando al tenerte no debía ya dejarte ir
y cuando te ibas debí volar hacia ti.
Sé que nada vale la expiación,
que no sirve mi arrepentimiento,
de muy poco el remordimiento
y menos la fatal autoinculpación.
Simplemente, no soy digno de tu amor,
y este amor, así como me da la vida,
también ahora él mismo me la quita
porque no merezco tu perdón.
Me he vuelto silencioso y egoísta
y ya todo me estorba, cansa y desmotiva
en todas partes y en mi pecho nadie ocupa tu lugar,
nadie llena sino tú los vacíos de mi vida.
Desde la montaña más alta voy a gritar
para que me oiga todo el mundo,
pero que sólo me escuches tú:
amada mía, te quiero, te amo, te adoro,
Amor mío, ¿crees que puedes perderme?
¿Crees que es tan inconsistente este sentimiento?
¿Lo consideras tan frágil, débil y cambiante?
Yo soy el frágil, débil y cambiante pero nunca mi amor por ti.
Si algo te he prometido, y de lo que estoy persuadido,
es de mi sinceridad, veracidad y franqueza para ti;
y así será hasta el último instante de mi vida
cuando ya mi voz no suene y mi mirada no tenga luz.
Sólo cuando ya no haya amor, cuando ya no haya razón,
después de esta búsqueda y feliz encuentro
ya no habrá nada más, estoy seguro,
que añorar a la felicidad que a mi lado estuvo.
Si este no es el final encuentro de mi vida,
¿de qué otro descubrimiento podría yo hablar?
Esta visión maravillosa no puede haber sido un sueño
como mi viaje al cielo tan sólo una fantasía.
Un ser único que ya lo sabía diferente a todos los demás,
especialmente dedicado para mí en este mundo
y en todos los otros mundos, me dio la bienvenida,
y ahora que lo he encontrado no lo dejaré jamás.
Su manera de hablar, de caminar,
sus gestos, sus ademanes, su mirar,
su forma de pensar, su sonrisa, su alegría,
todo en ella recuerda plenitud, felicidad.
Nada más puedo pedir sino esperar,
sin dejar que la providencia lo haga todo,
haré yo lo que debo hacer actuando en consecuencia
de su generosa mano dejándome llevar.
Amar, amar y sólo amar;
cultivar, regar y enriquecer nuestro amor;
recordar los momentos felices que pasamos juntos;
tenernos en la imaginación y en el pensamiento;
llamarnos lo más frecuentemente;
chatear todo el tiempo que podamos;
vivir juntos la vida en el tiempo y la distancia;
querernos, amarnos y adorarnos.
Si no estamos o no volvemos
a la emoción del primer momento en el aeropuerto
significa que todo ha cambiado entre los dos
y ya nada podrá ser igual.
Y no puede ser que la felicidad que la tuvimos
se nos haya ido de las manos
porque el amor subsiste en nuestros corazones
y de ellos nada ni nadie es capaz de eliminarlo,...
Tan sólo me queda la sinceridad de mis últimos momentos:
será la obra final que haga por amor
tal vez te defraudé o quizá nos dimos todo el amor
en esa mirada infinita del inicial encuentro.
Sin embargo, abrigo la esperanza
de la única, última y feliz de las recompensas:
la de tenerte ahora y siempre en mi pensamiento,
en la vida, en la existencia y en la muerte,...
el sol, el verano y las palmeras,
la tarde, la noche y hasta mis tristezas
te traen a mí en la plenitud de tu hermosura.
Quiero decirte que hasta este día me has visto reír
y también me has visto llorar;
pero por tu ausencia vida mía
es que he tenido que aprender a sufrir.
Siento como la muerte algo tan frío
que se ha estado acercando hasta mi,
que me ahoga y aún me impide respirar:
creo que fueron las negras alas del olvido.
Y esta ha sido una sensación fatal
que me ha sumido en el dolor
pues el desespero que lastima
cuesta tanto llanto e insufrible pesar.
Mis propios pasos me alejaron de ti,
amargas sílabas pronunciaron despedida;
cuando al tenerte no debía ya dejarte ir
y cuando te ibas debí volar hacia ti.
Sé que nada vale la expiación,
que no sirve mi arrepentimiento,
de muy poco el remordimiento
y menos la fatal autoinculpación.
Simplemente, no soy digno de tu amor,
y este amor, así como me da la vida,
también ahora él mismo me la quita
porque no merezco tu perdón.
Me he vuelto silencioso y egoísta
y ya todo me estorba, cansa y desmotiva
en todas partes y en mi pecho nadie ocupa tu lugar,
nadie llena sino tú los vacíos de mi vida.
Desde la montaña más alta voy a gritar
para que me oiga todo el mundo,
pero que sólo me escuches tú:
amada mía, te quiero, te amo, te adoro,
Amor mío, ¿crees que puedes perderme?
¿Crees que es tan inconsistente este sentimiento?
¿Lo consideras tan frágil, débil y cambiante?
Yo soy el frágil, débil y cambiante pero nunca mi amor por ti.
Si algo te he prometido, y de lo que estoy persuadido,
es de mi sinceridad, veracidad y franqueza para ti;
y así será hasta el último instante de mi vida
cuando ya mi voz no suene y mi mirada no tenga luz.
Sólo cuando ya no haya amor, cuando ya no haya razón,
después de esta búsqueda y feliz encuentro
ya no habrá nada más, estoy seguro,
que añorar a la felicidad que a mi lado estuvo.
Si este no es el final encuentro de mi vida,
¿de qué otro descubrimiento podría yo hablar?
Esta visión maravillosa no puede haber sido un sueño
como mi viaje al cielo tan sólo una fantasía.
Un ser único que ya lo sabía diferente a todos los demás,
especialmente dedicado para mí en este mundo
y en todos los otros mundos, me dio la bienvenida,
y ahora que lo he encontrado no lo dejaré jamás.
Su manera de hablar, de caminar,
sus gestos, sus ademanes, su mirar,
su forma de pensar, su sonrisa, su alegría,
todo en ella recuerda plenitud, felicidad.
Nada más puedo pedir sino esperar,
sin dejar que la providencia lo haga todo,
haré yo lo que debo hacer actuando en consecuencia
de su generosa mano dejándome llevar.
Amar, amar y sólo amar;
cultivar, regar y enriquecer nuestro amor;
recordar los momentos felices que pasamos juntos;
tenernos en la imaginación y en el pensamiento;
llamarnos lo más frecuentemente;
chatear todo el tiempo que podamos;
vivir juntos la vida en el tiempo y la distancia;
querernos, amarnos y adorarnos.
Si no estamos o no volvemos
a la emoción del primer momento en el aeropuerto
significa que todo ha cambiado entre los dos
y ya nada podrá ser igual.
Y no puede ser que la felicidad que la tuvimos
se nos haya ido de las manos
porque el amor subsiste en nuestros corazones
y de ellos nada ni nadie es capaz de eliminarlo,...
Tan sólo me queda la sinceridad de mis últimos momentos:
será la obra final que haga por amor
tal vez te defraudé o quizá nos dimos todo el amor
en esa mirada infinita del inicial encuentro.
Sin embargo, abrigo la esperanza
de la única, última y feliz de las recompensas:
la de tenerte ahora y siempre en mi pensamiento,
en la vida, en la existencia y en la muerte,...