Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Si tú fueras mi alimento,
te bebería como el río devora la sal del mar,
gota a gota, como quien nunca sacia el hambre del alma.
Serías pan recién horneado
que enciende las manos de harina y fuego,
miel silvestre que endulza el camino,
la pulpa madura de la guayaba
estallando entre los dientes de la tarde.
Te comería lento,
como la luna muerde al océano,
saboreando cada sombra,
cada luz que dejas en mis labios.
Si fueras mi alimento,
serías el grano de café que despierta los montes, el mango que en su jugo me emborracha, la flor de cacao que en tu aroma me encierra, el banquete que llena mis noches vacías.
Te buscaría en los campos infinitos
donde el trigo baila al viento,
te encontraría en las raíces
de la tierra que sabe a esperanza.
Y si fueras mi alimento,
serías también mi sed,
mi hambre que no se cansa,
la promesa de un manjar eterno,
el sabor de una vida consumida por el amor.
te bebería como el río devora la sal del mar,
gota a gota, como quien nunca sacia el hambre del alma.
Serías pan recién horneado
que enciende las manos de harina y fuego,
miel silvestre que endulza el camino,
la pulpa madura de la guayaba
estallando entre los dientes de la tarde.
Te comería lento,
como la luna muerde al océano,
saboreando cada sombra,
cada luz que dejas en mis labios.
Si fueras mi alimento,
serías el grano de café que despierta los montes, el mango que en su jugo me emborracha, la flor de cacao que en tu aroma me encierra, el banquete que llena mis noches vacías.
Te buscaría en los campos infinitos
donde el trigo baila al viento,
te encontraría en las raíces
de la tierra que sabe a esperanza.
Y si fueras mi alimento,
serías también mi sed,
mi hambre que no se cansa,
la promesa de un manjar eterno,
el sabor de una vida consumida por el amor.
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