Nommo
Poeta veterano en el portal
Abandonada.
Así dejé la escuela universal, aquellos días.
Nos fuimos, con la música a otra parte.
No hacía falta tanta reverencia al Creador de los perfumes aromáticos, en los jardines.
La doncella y yo, nos mirábamos largo rato, entusiasmados.
Íbamos en un carruaje tirado por dos jamelgos marrones y alados, como Pegaso.
Nos asaltaron unos malandrines. Ipso facto, bajé con mi espada en alto.
Les amenacé, con raudos movimientos, mientras mi musa expuesta cantaba como los delfines.
Los ladronzuelos llevaban pistolas de agua, y trabucos llenos de regaliz negro y rojo.
Luego, al escapar felizmente, llegamos a una pradera, sobre la cuál había una casa.
En esa choza, vivía una señora que preguntaba por Hánsel y Grétel.
Era fabricante de chocolates. Nos invitó a pasar adentro.
Y después, quiso cocinarnos en el horno.
¡ Raquel-María de las Mercedes ! Así se llamaba mi esposa.
¡ Raquel-María de las Mercedes López Barranco, duquesa de Montequinto !
Vámonos de nuevo a la diligencia, y prosigamos por el sendero celestial,
hacia el décimo cielo, de los sonidos mezclados con colores.
Que son sonidos mentales, terapéuticos.
Qué viaje de novios. Qué bonita, la noche de bodas.
Vimos al Señor, con sus criaturas, todas. Llevaba dos grandes toneles de vino tinto.
Así dejé la escuela universal, aquellos días.
Nos fuimos, con la música a otra parte.
No hacía falta tanta reverencia al Creador de los perfumes aromáticos, en los jardines.
La doncella y yo, nos mirábamos largo rato, entusiasmados.
Íbamos en un carruaje tirado por dos jamelgos marrones y alados, como Pegaso.
Nos asaltaron unos malandrines. Ipso facto, bajé con mi espada en alto.
Les amenacé, con raudos movimientos, mientras mi musa expuesta cantaba como los delfines.
Los ladronzuelos llevaban pistolas de agua, y trabucos llenos de regaliz negro y rojo.
Luego, al escapar felizmente, llegamos a una pradera, sobre la cuál había una casa.
En esa choza, vivía una señora que preguntaba por Hánsel y Grétel.
Era fabricante de chocolates. Nos invitó a pasar adentro.
Y después, quiso cocinarnos en el horno.
¡ Raquel-María de las Mercedes ! Así se llamaba mi esposa.
¡ Raquel-María de las Mercedes López Barranco, duquesa de Montequinto !
Vámonos de nuevo a la diligencia, y prosigamos por el sendero celestial,
hacia el décimo cielo, de los sonidos mezclados con colores.
Que son sonidos mentales, terapéuticos.
Qué viaje de novios. Qué bonita, la noche de bodas.
Vimos al Señor, con sus criaturas, todas. Llevaba dos grandes toneles de vino tinto.
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