Tú, el norte de mi sur, la luz de un faro que nunca me guió a tus labios, el primer párrafo de una historia que por inconclusa nunca vio más allá de mis párpados. Tantos calendarios y la vida que sigue quemando el pasado. Los ojos se tiñen de negro, y entre los relámpagos que anuncian el regreso de un recuerdo, veo rendirse a los latidos que soñaban con un encuentro.
Lo claro de mi oscuro, la adultez en los años de mi niñez, las palabras que por silenciosas nunca impactaron en tus oídos. El peligro de volvernos ajenos, la realidad de ser unos completos desconocidos, y el destino, que de matemáticas poco ha demostrado saber, en uno de sus cálculos fallidos te cruzo en mi camino.
Las sombras que sostienen edificios, los amaneceres que aún no descubren más que el paso de los siglos, y de tanto en tanto, vuelven a retumbar tus pasos, lejanos, en hemisferios desconocidos, como si el tiempo no te reconociera lo vivido, como si los años no quisieran dejar en tu rostro las arrugas y el llanto del olvido.-
Lo claro de mi oscuro, la adultez en los años de mi niñez, las palabras que por silenciosas nunca impactaron en tus oídos. El peligro de volvernos ajenos, la realidad de ser unos completos desconocidos, y el destino, que de matemáticas poco ha demostrado saber, en uno de sus cálculos fallidos te cruzo en mi camino.
Las sombras que sostienen edificios, los amaneceres que aún no descubren más que el paso de los siglos, y de tanto en tanto, vuelven a retumbar tus pasos, lejanos, en hemisferios desconocidos, como si el tiempo no te reconociera lo vivido, como si los años no quisieran dejar en tu rostro las arrugas y el llanto del olvido.-