avel omaya
Poeta recién llegado
Claro amanecer de amapola,
anhelo el suave arruyo de sus ojos
y la delicada sombra de su ternura.
Ella era siempre el refugio de todos mis dolores.
En todo su corazón mi amor se sostenía.
Extraño el rincón amoroso de su cintura.
Sus brazos ahuyentando mis penas y su sonrisa
diciéndome que todo estará bien.
Amaba tanto sus besos;
su boca,
única alegría que la vida repartía en mi ser.
Que demasiado quieto me quede en su corazón.
No me dio nada de las ardientes ternuras
con que la ame.
Ella me quedo temblando en el pecho.
Varada la tengo en la memoria.
Ahora me acomodo frente a la aurora de la tarde,
solo,
junto a la nostalgia con que me acerco a su corazón.
Avel Omaya.
anhelo el suave arruyo de sus ojos
y la delicada sombra de su ternura.
Ella era siempre el refugio de todos mis dolores.
En todo su corazón mi amor se sostenía.
Extraño el rincón amoroso de su cintura.
Sus brazos ahuyentando mis penas y su sonrisa
diciéndome que todo estará bien.
Amaba tanto sus besos;
su boca,
única alegría que la vida repartía en mi ser.
Que demasiado quieto me quede en su corazón.
No me dio nada de las ardientes ternuras
con que la ame.
Ella me quedo temblando en el pecho.
Varada la tengo en la memoria.
Ahora me acomodo frente a la aurora de la tarde,
solo,
junto a la nostalgia con que me acerco a su corazón.
Avel Omaya.