Henry Miller
Poeta recién llegado
Camino por la vereda negra
Esperando ver caer
Una hoja entre mis manos.
Es otoño la estación de la alquimia,
El aire es un corredor de sombras
Y una puerta hacia la eternidad.
Los seres que pueblan las esferas
Están inquietos como insectos
Es la hora de salir de viaje.
Con el primer rayo de sol
Que la hierba recolecta
Dejo mi cuerpo atrás.
El mundo siempre ha estado ahí
Las hojas siguen cayendo
Y tú bailas en el campo,
Tu pelo suelto se deshila
Tu rostro me sonríe
Eres todas las mujeres que he amado
En una sola efigie.
Vas por el campo tomada de mi mano
Mujer niña,
Tus ojos me salpican de ternura,
Siempre regreso aquí
Vivo en esos ojos de amor
Que me cubren el alma
Como yedra.
Tus ojos perforan el tiempo,
Son los ojos de una estatua viva
Que me ha visto pisar todas las eras.
Nutren mi corazón de niño
Me cubren de pétalos
Si estoy dormido;
En las horas en que el arcano alumbra
Mi destino incontestable,
Fincan mis pasos.
Estoy aquí para ti
Melusina, Perséfone
Miro hacia mis adentros
Y el vértigo de un caleidoscopio
Enciende
Un teatro de cristales.
Huyes y regresas
Vas descalza por el sendero de fango
Untando flores a tu paso,
La muerte de todas las edades
Vive en tus ojos.
La danza no termina nunca
Eres el agua de la que he venido
Eres mi madre, mi hija
Y mi amante
Eres la flor única del promontorio.
Yo he venido a este reino
A fundirme en tu saliva
En el vértigo de asombro
Que crece en cada beso tuyo,
Me desmayo entre tus labios
Hechicera sagaz,
Me dominas y me sangras
Me levantas y me sanas
Tu cuerpo es el campo de mis sueños
Acudo a ti como un venerador de templos
Como un proxeneta ciego
Que ronda las esquinas
Sin atrapar a nadie.
Tengo las manos vacías de palabras,
Subo por la vereda del cansancio,
Y lloro al pie del Carmelo.
Entonces surges
Vestida de percal o seda,
Radiante como siempre
Llevándome hasta el primer día
Llenando mi vida de esperanza
Con tu llegada,
Con la última.
Esperando ver caer
Una hoja entre mis manos.
Es otoño la estación de la alquimia,
El aire es un corredor de sombras
Y una puerta hacia la eternidad.
Los seres que pueblan las esferas
Están inquietos como insectos
Es la hora de salir de viaje.
Con el primer rayo de sol
Que la hierba recolecta
Dejo mi cuerpo atrás.
El mundo siempre ha estado ahí
Las hojas siguen cayendo
Y tú bailas en el campo,
Tu pelo suelto se deshila
Tu rostro me sonríe
Eres todas las mujeres que he amado
En una sola efigie.
Vas por el campo tomada de mi mano
Mujer niña,
Tus ojos me salpican de ternura,
Siempre regreso aquí
Vivo en esos ojos de amor
Que me cubren el alma
Como yedra.
Tus ojos perforan el tiempo,
Son los ojos de una estatua viva
Que me ha visto pisar todas las eras.
Nutren mi corazón de niño
Me cubren de pétalos
Si estoy dormido;
En las horas en que el arcano alumbra
Mi destino incontestable,
Fincan mis pasos.
Estoy aquí para ti
Melusina, Perséfone
Miro hacia mis adentros
Y el vértigo de un caleidoscopio
Enciende
Un teatro de cristales.
Huyes y regresas
Vas descalza por el sendero de fango
Untando flores a tu paso,
La muerte de todas las edades
Vive en tus ojos.
La danza no termina nunca
Eres el agua de la que he venido
Eres mi madre, mi hija
Y mi amante
Eres la flor única del promontorio.
Yo he venido a este reino
A fundirme en tu saliva
En el vértigo de asombro
Que crece en cada beso tuyo,
Me desmayo entre tus labios
Hechicera sagaz,
Me dominas y me sangras
Me levantas y me sanas
Tu cuerpo es el campo de mis sueños
Acudo a ti como un venerador de templos
Como un proxeneta ciego
Que ronda las esquinas
Sin atrapar a nadie.
Tengo las manos vacías de palabras,
Subo por la vereda del cansancio,
Y lloro al pie del Carmelo.
Entonces surges
Vestida de percal o seda,
Radiante como siempre
Llevándome hasta el primer día
Llenando mi vida de esperanza
Con tu llegada,
Con la última.
Última edición: