Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Siento la distorsión,
el cambio en la piel,
las aceras anchas o estrechas,
los obstáculos que habitan las cuevas alrededor de redes
o telas de araña, presa de los nidos.
Siento la migración de la palabra “nostalgia”,
del azul con sus edades de niño,
de los tiovivos de feria
que parecen cadáveres a veces,
sin dar vueltas,
con relinchos en madera de nogal,
mesas de despacho sin camino
apartadas de las huellas de su firma.
Siento el desequilibrio de las gafas
que no acercan abrazos a la distancia justa
en que estrechar es posible.
Siento que el mirar sí se puede
a través de noches y noches sin estrellas,
en laberintos del pecho para fugarse,
letra a letra, a borbotones,
en paraguas invertido y mojarse,
simplemente, con la luz encendida.