Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Vándalos barbitúricos del tráfico
se atascan en tu nombre, tu grito incongruente,
para que los sudarios vestidos de cortinas
y de cinturas, ingles, riscos impenetrables,
socavones y ferias del alma del bombero,
donde nace tu tuétano entre tules y floreros de híbridos,
-trasfiguración, vuelve de tu ocaso-,
se conforman tus neurotransmisores,
ruleta rusa, cepos para obuses,
suicidios sin cadáver, cuando ocultas tu cuerpo entre las sábanas,
o repletas el bolso para asfixias,
o sudas entre hombres el onanismo cívico,
en un ciclo de luces que abrasan los piropos,
el género del ámbar recolecta tu aroma,
mientras tumba nautilus, los estira y los castra
de vértebras,
de rastro,
de espejos
-diálisis del profeta verborreico-.
La locura del simio sin sandalias.
Y yo aquí, con la espalda traspasando mis ojos,
coloso que circula por arcenes,
hasta esfumar perímetros,
concentrado en un punto que es semáforo,
la autopsia de circuitos, microchips,
credenciales que arrancan parabrisas,
y de nuevo sin ruedas, triangulo ese relieve
que me convierte en plano,
mientras se me acuchillan helicópteros,
exploradores trencos, y esa cámara oculta
fotografía solo esa radiografía,
que rebana relámpagos
-incluido el cine mudo-.
se atascan en tu nombre, tu grito incongruente,
para que los sudarios vestidos de cortinas
y de cinturas, ingles, riscos impenetrables,
socavones y ferias del alma del bombero,
donde nace tu tuétano entre tules y floreros de híbridos,
-trasfiguración, vuelve de tu ocaso-,
se conforman tus neurotransmisores,
ruleta rusa, cepos para obuses,
suicidios sin cadáver, cuando ocultas tu cuerpo entre las sábanas,
o repletas el bolso para asfixias,
o sudas entre hombres el onanismo cívico,
en un ciclo de luces que abrasan los piropos,
el género del ámbar recolecta tu aroma,
mientras tumba nautilus, los estira y los castra
de vértebras,
de rastro,
de espejos
-diálisis del profeta verborreico-.
La locura del simio sin sandalias.
Y yo aquí, con la espalda traspasando mis ojos,
coloso que circula por arcenes,
hasta esfumar perímetros,
concentrado en un punto que es semáforo,
la autopsia de circuitos, microchips,
credenciales que arrancan parabrisas,
y de nuevo sin ruedas, triangulo ese relieve
que me convierte en plano,
mientras se me acuchillan helicópteros,
exploradores trencos, y esa cámara oculta
fotografía solo esa radiografía,
que rebana relámpagos
-incluido el cine mudo-.