Nommo
Poeta veterano en el portal
Subidos a las ramas de los árboles,
imitamos el salto del canguro,
ataviados con albornoces de algodón y seda,
para saltar por encima del muro.
Fuimos volando en el vendaval de Amor que se cernía sobre nosotros, tormentoso.
Nos sostenía como a mariposas que aletean vigorosamente, envueltas en un halo de perfección,
en memoria de un Creador que lee y se divierte, oculto tras alguna estrella nocturna.
Pero un rayo violento de luz, nos deslumbró y provocó la caída de los dioses.
Entonces, lejos del altar de los perfumes, nos sumimos en un sueño profundo y misterioso...
Ya, no disponíamos de aquella creatividad en nuestros corazones.
Nos la arrebató una nube jubilosa que tocaba el arpa dorada y sonreía, glotona,
mientras devoraba a la Luna.
Nuestra magia se echó a perder, dentro del saco de Papá Noel, el cuál la transformó en regalos navideños,
para los alemanes o teutones; y los bárbaros salvajes. Y los negros africanos...
Por eso, nos amamos ahora, tal y como somos. Juntos, como hermanos.
imitamos el salto del canguro,
ataviados con albornoces de algodón y seda,
para saltar por encima del muro.
Fuimos volando en el vendaval de Amor que se cernía sobre nosotros, tormentoso.
Nos sostenía como a mariposas que aletean vigorosamente, envueltas en un halo de perfección,
en memoria de un Creador que lee y se divierte, oculto tras alguna estrella nocturna.
Pero un rayo violento de luz, nos deslumbró y provocó la caída de los dioses.
Entonces, lejos del altar de los perfumes, nos sumimos en un sueño profundo y misterioso...
Ya, no disponíamos de aquella creatividad en nuestros corazones.
Nos la arrebató una nube jubilosa que tocaba el arpa dorada y sonreía, glotona,
mientras devoraba a la Luna.
Nuestra magia se echó a perder, dentro del saco de Papá Noel, el cuál la transformó en regalos navideños,
para los alemanes o teutones; y los bárbaros salvajes. Y los negros africanos...
Por eso, nos amamos ahora, tal y como somos. Juntos, como hermanos.
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