Era la mansedumbre de sus brazos
un cuenco desbordado de ternura.
Un más allá de toda la dulzura,
un nunca más en todos mis fracasos.
un cuenco desbordado de ternura.
Un más allá de toda la dulzura,
un nunca más en todos mis fracasos.
Era la certidumbre de sus ojos
un camino directo a su alma pura.
Lo que la eximía de toda vestidura,
lo que me alejaba de todos mis enojos.
un camino directo a su alma pura.
Lo que la eximía de toda vestidura,
lo que me alejaba de todos mis enojos.
Era ella y fue...desde aquel día,
rumbo, ancla, vela y hasta viento.
Veinte años, vividos sin su aliento
y sin poder, olvidarla...todavía.
rumbo, ancla, vela y hasta viento.
Veinte años, vividos sin su aliento
y sin poder, olvidarla...todavía.
Marino Fabianesi