Sin remordimientos.

J.Carlos Campos

Poeta fiel al portal
Y lo vi en un niño, y lo vi en la gente,
y sentí el alivio de verlo otra vez.
Lo encontré en el parque, tocaba las flores,
era agua corriendo, pájaro y pincel.
Su boca era una explosión, una locura,
su corazón una isla donde naufragar,
café caliente, madrugaditas desnudas,
plata y sal.
Casi lo pude rozar
abrazado al huracán de una guitarra,
en esa forma especial de tus palabras
cuando hablan de mí.
Pude tener esa suerte
que no conoce reproches,
cuando pasó por delante una noche
de tu vientre a mi espalda
y allí se puso a dormir.
¿Por qué quién era yo?
Un fulano con lo malo inagotable,
con medio futuro menos por delante,
otro hijo del sur de la libertad.
¿Cómo era posible que yo,
esta fuente de productos inflamables,
lo sintiera navegándome la voz?
La muerte ya no me hallará sin haberlo conocido,
lo he querido, maldecido y le he dado el corazón,
por eso sé que jamás me leerán arrepentido
de la suerte que he sufrido en los brazos del amor.
 

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