Y tras un millón de voces el cielo negro se tornó muriendo con los sutiles roces del eco de tu voz. Un cuerpo más liviano me sostenía, sin saber que era mi propia vida que lloraba por una vida distinta o una historia menos parecida. Atorméntame, ríete, llora mi alma entera devora y no dejes nada de mí. Deja mis memorias rotas y cose con agujas romas un camino que me aleje de ti.