*Rosse*
Poeta asiduo al portal
Lo cuenta quien calla, lo cuenta la estrella de la mañana, lo cuenta quien oye la s palabras
El silencio inundaba la habitación, el frío era el único habitante de aquella noche de diciembre
Las paredes guardaban temerosas sus voces, aguardan de pie sin desplomarse cansadas de tanto callar
¡El viento afuera es una tormenta! Danza macabra con los árboles que intentan huir
Mientras suena un pressto al sonido del piano: incansable, fortísimo y en aumento sin descanso .
Súbito silencio acompaña de solista al intérprete, un pianista reconocido por extravagante y loco, siempre solitario
Mas sus manos hablan por él al posarlas sobre el piano endemoniado como lo han denominado los vecinos
Asustados por muertos encontrados en pantanos enterrados
Desangrados y sin dedos en las manos
Las manos las manos del artista inician una nueva melodía de melancolía inspirado en los gritos que le han dicho: ¡no asesines! No me dejes encerrado en las teclas del piano! ¡ Si mi alma no se marcha viviré en tus pensamientos hasta que algún día seas la propia tinta de tus poemas !
Eleva su vista hacia arriba como pidiendo inspiración divina Su pluma goteando tinta tinta roja sobre el pentagrama escribe sin tregua un allegro con brío posesionado por el espíritu de Beethoven se sintió al escribir una obra en Do menor
De pronto su tinta se acaba a mitad de su excelsa creación
¡Oh no!Exclama como un susurro embotellado
Las paredes desean llorar .
¡Líbranos del mal! ¡Líbranos del mal!
Apenados claman afuera en la ciudad
El artista dispuesto a continuar con tan singular creación llena su pluma a escribir con sangre de su víctima: una dama ejemplar.
A quien acortejó con cantos de su voz y al estar ella enamorada por besarlo con cuchillo falleció
Y regresa el artista a terminar su creación musical tapizado el papel de sangre blanca
La música escrita en sangre de quien sabe quien que algún tiempo después aplaudirán y reirán por su gran interpretación en el teatro y quizá quizá sus corazones sean conmovidos por los sonidos de aquel que en la música les devuelve algo de su vida de su muerte.
El silencio se hace presente de nuevo en la habitación con intenciones de hacer callar la única vela sobre el piano
Las paredes cierran los ojos y abren los oídos escuchando desde lejos el clamor de la ciudad:
¡Líbranos del mal! ¡Líbranos del mal!