Bravo Coronado
Poeta recién llegado
Mar inmenso mar,
azul diáfano es mi mar.
Voy viajando por sobre sus olas;
mi alma vagabundea, se eleva, mira al cielo.
Soy una sirena deambulando por los mares.
Busco refugio de los hombres,
no lo hallo, me persiguen...
casi me capturan.
Todo por que en mi alma yo atesoro
mil recuerdos de oro.
Las grandes algas son mis amigas,
un séquito de peces me acompaña.
Sirenita me llaman
con mi propio palacio de coral.
Pero sufro,
no tengo a quién amar.
Quizá algún día venga
mi príncipe encantado,
traído en un naufragio
desde el altamar.
Lo veo,
lo recibo entre mis brazos.
Me mira con sus ojos claros;
¡imposible dejarlo de amar!
Me alejo de los restos del barco
y voy con mi bien amado
al palacio de coral.
Me mira y ahora ríe
mientras entonan las caracolas
hermosos himnos marinos,
repartidos por las olas
han de oírse
hasta en los barcos del otro mundo.
Soy feliz, pero él no es mío,
se debe ir.
Las sirenas envidiosas lo reclaman.
Y se marcha, como despertando de un sueño.
Y quedo profundamente sola
sola con el recuerdo.
Un recuerdo que vale mil monedas de oro.
Allá afuera los hombres se matan por un tesoro,
despedazan los mares,
traen el dolor en sus embarcaciones.
Porque buscan el amor en el desamor.
Más yo he conocido esa canción,
la melodía más hermosa del mar.
Ahora solo busco el arrullo en las olas,
mecida por los vientos,
soy la reina del océano.
Una reina triste con el secreto del universo:
"sirenita conoció el amor"
azul diáfano es mi mar.
Voy viajando por sobre sus olas;
mi alma vagabundea, se eleva, mira al cielo.
Soy una sirena deambulando por los mares.
Busco refugio de los hombres,
no lo hallo, me persiguen...
casi me capturan.
Todo por que en mi alma yo atesoro
mil recuerdos de oro.
Las grandes algas son mis amigas,
un séquito de peces me acompaña.
Sirenita me llaman
con mi propio palacio de coral.
Pero sufro,
no tengo a quién amar.
Quizá algún día venga
mi príncipe encantado,
traído en un naufragio
desde el altamar.
Lo veo,
lo recibo entre mis brazos.
Me mira con sus ojos claros;
¡imposible dejarlo de amar!
Me alejo de los restos del barco
y voy con mi bien amado
al palacio de coral.
Me mira y ahora ríe
mientras entonan las caracolas
hermosos himnos marinos,
repartidos por las olas
han de oírse
hasta en los barcos del otro mundo.
Soy feliz, pero él no es mío,
se debe ir.
Las sirenas envidiosas lo reclaman.
Y se marcha, como despertando de un sueño.
Y quedo profundamente sola
sola con el recuerdo.
Un recuerdo que vale mil monedas de oro.
Allá afuera los hombres se matan por un tesoro,
despedazan los mares,
traen el dolor en sus embarcaciones.
Porque buscan el amor en el desamor.
Más yo he conocido esa canción,
la melodía más hermosa del mar.
Ahora solo busco el arrullo en las olas,
mecida por los vientos,
soy la reina del océano.
Una reina triste con el secreto del universo:
"sirenita conoció el amor"