Aisha Baranowska
Poeta que considera el portal su segunda casa
Caíanse las hojas, caían... Una por una... El viento las traía de lo alto de los árboles, mientras ella peleaba contra la fuerza del elemento, bailando con la escoba...
Ya había terminado de barrer el patio, cuando un soplo muy violento hizo caer más y más hojas secas... Volvió a barrer las veredas con un suspiro que despertaría a los muertos de sus tumbas...
No era más que un cadáver viviente caminando, arrastrándose debajo del peso de la existencia que siempre seguía matándola un poco...
Salvo cuando salía para verse con su amor... Entonces, estaba más viva que nunca... Era libre para ser prisionera del sentimiento... Para florecer en el sol de su mirada... El frío, la soledad y el olvido dejaban de existir, así como el tiempo... Sólo pensarlo le provocaba un incendio de corazón y un terremoto de toda su pequeña forma, y en la mente escuchaba siempre su voz lejana y dulce, diciéndole: "¡ven, chiquilla...!"...
[24/08/2016]