Daniela Cifelli
Poeta recién llegado
Me resigno por siempre
Abandonar el recuerdo de tu sonrisa,
Me agobia el silencio al desafiar el pasado,
De aquel junio, un día por la tarde,
Donde tu adiós yo presencié,
Cuando mi corazón no soportó
Que nunca te dije que tus palabras,
Tu sonrisa, tu belleza,
Desde un septiembre, año 2007,
Me hacían reír, estremecer.
Abandonar el recuerdo de tu sonrisa,
Me agobia el silencio al desafiar el pasado,
De aquel junio, un día por la tarde,
Donde tu adiós yo presencié,
Cuando mi corazón no soportó
Que nunca te dije que tus palabras,
Tu sonrisa, tu belleza,
Desde un septiembre, año 2007,
Me hacían reír, estremecer.
¡¿Para qué seguir diciéndolo?!
¡¿Por qué seguir diciendo que te amo?!
Es que nunca tuve tus besos a mi lado,
Tu boca de cerca para con mi boca pactarse,
Sólo te tuve para hablar, contemplarte,
Enamorarme, y por más vigor que demostrara,
No tuve el suficiente para ante vos expresarme.
¡¿Por qué seguir diciendo que te amo?!
Es que nunca tuve tus besos a mi lado,
Tu boca de cerca para con mi boca pactarse,
Sólo te tuve para hablar, contemplarte,
Enamorarme, y por más vigor que demostrara,
No tuve el suficiente para ante vos expresarme.
El amor que siento por vos,
Se convierte en volátil,
Y ante el aire, el cielo, las estrellas,
A través de la melancolía,
Recoge aquellos recuerdos
Absueltos por la brisa,
Atraen con violenta exaltación
La nostalgia, subsidio pidiendo tus besos,
Demostrando este amor ferviente
Que pide nunca haber escuchado un “adiós”.
Se convierte en volátil,
Y ante el aire, el cielo, las estrellas,
A través de la melancolía,
Recoge aquellos recuerdos
Absueltos por la brisa,
Atraen con violenta exaltación
La nostalgia, subsidio pidiendo tus besos,
Demostrando este amor ferviente
Que pide nunca haber escuchado un “adiós”.
Quedé agonizada a la prisión,
Prisión de la vida sin ti,
De proeza para luchar, ¿luchar contra qué?
Si todos los días, engendro la guerra de amor,
Trato de no llorarte más,
Estremecerme al ver el esplendor del Sol,
Pero sólo encuentro animarme,
Al recordar que gracias a ti aprendí,
Gracias a ti, yo cambié,
Gracias a tus palabras,
Me enseñaste la hermosa primavera al sonreír.
Prisión de la vida sin ti,
De proeza para luchar, ¿luchar contra qué?
Si todos los días, engendro la guerra de amor,
Trato de no llorarte más,
Estremecerme al ver el esplendor del Sol,
Pero sólo encuentro animarme,
Al recordar que gracias a ti aprendí,
Gracias a ti, yo cambié,
Gracias a tus palabras,
Me enseñaste la hermosa primavera al sonreír.
Y entre el silencio que habita mi alma,
Se encuentra un peculiar grito desesperado,
Más frágil que la sirena de la muerte,
Delirando amenazantemente,
Qué hacer para encontrarme entre tus brazos.
Se encuentra un peculiar grito desesperado,
Más frágil que la sirena de la muerte,
Delirando amenazantemente,
Qué hacer para encontrarme entre tus brazos.
Ante tu arrogante mirada, tus ojos de hielo,
Admirados por un sueño (“nuestro sueño”
,
Pretendía decirte mi más preciado secreto,
Quería expresarte que Yo Te Amo,
Deseaba que tuvieses en cuenta
Que ha ninguna otra persona yo he amado,
Enseguida que te conocí,
Presumí que serías el cielo que había deseado.
Admirados por un sueño (“nuestro sueño”
Pretendía decirte mi más preciado secreto,
Quería expresarte que Yo Te Amo,
Deseaba que tuvieses en cuenta
Que ha ninguna otra persona yo he amado,
Enseguida que te conocí,
Presumí que serías el cielo que había deseado.
La sentencia de mi espíritu se prolongó,
El Amor se colocó un traje de gala,
Tras un fuerte vendaval,
Se escurrió por mi sangre, las venas,
Mi mente, mi rostro, mis labios,
Y se acompañó de la soledad,
Al no recibir un poco de tu abrigo,
Y el personaje más imprescindible (el amor),
Cruzó el lumbar, las puertas y entró en mi corazón.
El Amor se colocó un traje de gala,
Tras un fuerte vendaval,
Se escurrió por mi sangre, las venas,
Mi mente, mi rostro, mis labios,
Y se acompañó de la soledad,
Al no recibir un poco de tu abrigo,
Y el personaje más imprescindible (el amor),
Cruzó el lumbar, las puertas y entró en mi corazón.
La carencia de ti, el extremo de tu ausencia,
Invoca con frecuencia, sin tenerte en mi presencia,
Una soberbia injuria por no tenerte,
Un pretil sobre el puente de mi inspiración,
Para que, cerrando tus bellos ojos, llegues hacia mí.
Invoca con frecuencia, sin tenerte en mi presencia,
Una soberbia injuria por no tenerte,
Un pretil sobre el puente de mi inspiración,
Para que, cerrando tus bellos ojos, llegues hacia mí.
Y otra vez se desvanece con magnificencia
La armonía que impregnaba en una flor de esmeralda,
Aquella que se encontraba en mi paciencia
Lidiando ahora contra un gran torrente, que corre y corre
Aspirando llegar al crepúsculo de tu luz,
Al sendero de tu amor, una vida alegre estando a tu lado,
Donde la canción acompañada de un laúd,
Conceda el límite de mi llanto
Siendo condenado a la muerte él,
Concebida en el acto de un juzgado.
La armonía que impregnaba en una flor de esmeralda,
Aquella que se encontraba en mi paciencia
Lidiando ahora contra un gran torrente, que corre y corre
Aspirando llegar al crepúsculo de tu luz,
Al sendero de tu amor, una vida alegre estando a tu lado,
Donde la canción acompañada de un laúd,
Conceda el límite de mi llanto
Siendo condenado a la muerte él,
Concebida en el acto de un juzgado.
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