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Soledad: Tres miradas

Jairo Castillo Romerin

Poeta adicto al portal
SOLEDAD: TRES MIRADAS


I.

Si fuese mío tu ardor
incendiaría los matorrales que me esconden
de la ausencia.

Mi mano señalaría altiva la cuchillada que rasga
la desesperación del mundo.


Pero hay penas, muchas,
y quejidos amontonando enjambres
de oscuridades indoloras
que luego trémulas arden girando
en medio de la memoria.


Un pasillo lleva directo a la avenida
donde el tiempo se fuga,
termina en un orificio la grandilocuencia de su antro,
desde allá liberan bandadas
de pájaros huidizos
que no tienen donde migrar
dónde fundar su milagro de brisa.


Mi lema indica la paz indeclinable
la huída hacia el espíritu celeste.


Si fuese mío tu ardor
incendiaría a mi paso
los callejones de mi exilio.

II.


Entonces esbozo algo así
parecido a la soledad:


Un charco exangüe
salpicaduras de métodos con que defender mi sitio
la noche en mis ojos opresora.


Mi sombra sigue su sombra y tras ella
toda la soledad.


Como para venerar lo oscuro
este quejido del lado de la luz borboritea
gotas de esperma encandilada,
detrás de ese manar un hombre
rasga folios y daña carpetas,
va cercenando su inventario
con tajadas quejumbrosas.


No hay quien hiera mi soledad y la desangre
toda la noche ciega
de la eternidad.

III.


Sin embargo
ya no estaré solo
con los ojos vedados y las manos
puliendo puños,
el corazón destejido hasta la última
de sus terrenas cicatrices.


Tendré mi dolor
uno nuevo y fiero
porque seré libre.
 
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