sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Solicuantodo, espejo de la galaxia llamada Galoconexia, donde habitaban Galopados, unas especies de Extraterricolas que inundaban a las estrellas y las quemaban ante el calvario de los Monocarvos, unas especies de monos clavados en llamas hiperactivas, de romance colocado en besos de poesía, que se hacia verso en plan de atraer a los Monutsamas, unos guerreros con velo, e iban hasta las tierras de los Homorrapielos, unos monstruos de las montañas de Don Griegano,un terrorista de bombas archiexplosivas que encendían las tinieblas de alto coste, con suicidio de abominables temperaturas de alto grado, con ardor infernal. Así se hacia el vació de un orgasmo, donde calaveras de alto grado se fundían en un oasis de los infiernos de Clarifidelix, un demonio de cuernos de puntas con labios húmedos de saliva endemoniada y gafas de hojaldre con limones en los pétalos de ojos irritados mojados en agua caliente. Solicuantodo era el guerrero de los Mamarañas, unas arañas de universos paralelos que se telé transportaban en el tiempo, y machacaban los océanos, donde las orillas se enterraban en la arena despótica, y se sobresalía en la aglomeración de cáncer de demonio, que se adueñaba de cada palo cardiaco, que se ajustaba a la espiritualidad de un ángel paralítico con alas cortadas por el acido del agua oscurecida en las recortadas nubes, por los eructos del cielo, pues este estaba derramado por la sangre blanca de la luna y por sus cráteres de rayos de Metoroides Unicarvianos que significan meteoritos con la tentación de pudrir al tiempo en segundos condenados, unidos a locuras de psicópata Extrastastocado que significa que esta muy mal de la olla. Además tenia ojos de cucaracha y nariz de pingüino homofabiado, que significa nariz sin recursos para oler lo que le rodea, que se nutre de locanasales insectos, o sea solo podía comer insectos bacterianos de envervalias, que gritaban en el pasado y esas envervalias eran los gases de los estómagos con hipo congelado y con sueños cicatrizados en pesadillas oscuras y de parajoides, que eran unos satánicos erizos de pecados cortados en sangre y quemados en vino, además de estar llenos de púas que se clavaban en sus ojos y donde las olas de rabia de la multitud aglutinaban aplausos en medio de toda aquella diversión de soplidos bromistas, y con frases que engendro una mucosidad alíen, que intervino en la madre naturaleza, por los siglos de los siglos.
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