_SEBASTIEN_
Poeta fiel al portal
A llegado así, al caer de las sombras,
una atmósfera muy dulce perfumada por tinieblas,
veo blancas esculturas nadando entre la niebla,
en este camposanto helado, pletórico de leyendas,
con muerte serena ocupando los espacios, los instantes,
de esta tarde reluciente que tras gris velo se oculta,
suspirando apasionada, trae escencia, trae romance,
y recuerdos de una vida tan ajenos, tan distantes,
evadidos por el paso de aquello que llaman tiempo,
las personas que aún gozan del amoroso calor,
yo aquí bañado en escarcha cual en lágrimas de angel,
de un angel negro humillado a los pies de su señor,
un Satanás asustado tras una cruz me dió un nombre,
un gran ser bello y oscuro es mi posible creador.
¡Pero que digo!, ¿en que relaciono todo esto con el amor?...
pues amor es lo que siento y hablar de El hoy trato,
y, ¿como vencer la retórica irónica del concepto,
del amor convertido en bien, cual el huracán en viento,
por relación del humano casi por instinto, cruel?
Quizá el romance mío podría hallarse inmerso, entre lo que el mortal triste denomina bestialidad,
más, ¡oh! deliciosa maldad, sutil belleza y frialdad,
y cuán delicados poemas a inspirado el amor nuestro.
Y aún se atreven los tibios a denominarnos crueles,
si dios mismo, cual nosotros y de manera indistinta,
mata y ama sin cesar a determinados seres,
¿no somos acaso de el, nosotros la imagen viva?
Más volvamos otra vez al cementerio,
en donde paciente espero su abrazo, cual cuchilla,
el beso húmedo en mi cuello, cual sutilísima pluma,
que con poesía describa a las sensaciones pálidas,
y luego cerrar mis ojos para perderme en la bruma,
del fulgor diamantino y nebuloso de sus versos,
que sobre mi piel escriba carmín de gotas sanguíneas...
Estoy, en efecto, esperando a mi amada,
ese ser que una noche de cálida primavera,
viera con profundo horror colarse por mi ventana,
para después dominado con sus cantos de sirena,
suplicarle de hinojos sus colmillos me clavara,
en el lugar predilecto de su pasión de hechizera,
oh dulce dolor, que amargo, de su boca recibiera,
y luego cual ebrio amante beberme la roja escencia,
de ese corazón de acero añejado por los siglos,
de pecar y de matar a quién vive del pecado,
ese corazón tan mío, yo antes mortal indigno,
y hoy de la noche príncipe, cual me llama en sus halagos...
Ella tan perfecta y blanca, tan esbelta y asesina,
con cierto majestoso encanto y grandeza melancólica,
de diamantes ser vestida por divina mereciera,
y el poeta para ella solo esclavo ser debiera.
Permítaseme hablar de la estrechez de su cintura,
y del singular encanto de sus brazos de escultura,
obra de algún dios osado, pagano, que en su locura,
amontonar gracias puras, temerario, querido hubiera,
en una dama inmortal, de belleza peregrina.
Se detenga la poesía para alabar la tersura,
de su piel cual alabastro y damasco de fina hechura,
dejad que elogie con versos, su caminar, que Virgilio,
en las diosas de su Olimpo en sus obras remitiera.
Quiza me reste decir que sus ojos veo mi luna...
Más, ¡Que vagas son mis palabras, que secas mis expresiones!,
permitidle un par de versos a este intento de poema,
superado en el camino por la emoción acuciante,
y que agoniza entre lágrimas mientras dura la bella espera:
Amante soy de tu mente y de tu belleza oscura,
y esclava tu de mi amor y de mi torpe poesía,
esclavos dos de la noche y también de la dulzura,
y triste es nuestro cariño y nuestra filosofía.
Penosa es para algunos nuestra incierta existencia,
pero bella tal cual ninguna nuestra nocturna locura,
pues sutil cual el peligro es nuestra romántica escencia,
bendices y das sentido al dolor con tu hermosura.
Angel de tiernas facciones y maneras exquisitas,
de sonrisa terrible y fácil, la mirada destellante,
amor, firmeza y terror, todo en tu bello semblante,
inacabable, inmortal fuente, del deseo, de la muerte.
¡Ah! Final afortunado y feliz al mismo tiempo,
al que llegan estas frases de corazón dedicadas,
quedad querido lector, con mi ingenuidad plasmada,
como tributo al amor, eterno al que me debo,
mientras bajo a su sepulcro a despertarla con ruegos,
caminando alegremente en las sombras y la niebla,
sombrío sendero que espero ilumine con su luz, para después apagarla, con un rutilante beso.
Para vos mi Verónica Nocturne, Artemisa y Musa.
Sebastien.
una atmósfera muy dulce perfumada por tinieblas,
veo blancas esculturas nadando entre la niebla,
en este camposanto helado, pletórico de leyendas,
con muerte serena ocupando los espacios, los instantes,
de esta tarde reluciente que tras gris velo se oculta,
suspirando apasionada, trae escencia, trae romance,
y recuerdos de una vida tan ajenos, tan distantes,
evadidos por el paso de aquello que llaman tiempo,
las personas que aún gozan del amoroso calor,
yo aquí bañado en escarcha cual en lágrimas de angel,
de un angel negro humillado a los pies de su señor,
un Satanás asustado tras una cruz me dió un nombre,
un gran ser bello y oscuro es mi posible creador.
¡Pero que digo!, ¿en que relaciono todo esto con el amor?...
pues amor es lo que siento y hablar de El hoy trato,
y, ¿como vencer la retórica irónica del concepto,
del amor convertido en bien, cual el huracán en viento,
por relación del humano casi por instinto, cruel?
Quizá el romance mío podría hallarse inmerso, entre lo que el mortal triste denomina bestialidad,
más, ¡oh! deliciosa maldad, sutil belleza y frialdad,
y cuán delicados poemas a inspirado el amor nuestro.
Y aún se atreven los tibios a denominarnos crueles,
si dios mismo, cual nosotros y de manera indistinta,
mata y ama sin cesar a determinados seres,
¿no somos acaso de el, nosotros la imagen viva?
Más volvamos otra vez al cementerio,
en donde paciente espero su abrazo, cual cuchilla,
el beso húmedo en mi cuello, cual sutilísima pluma,
que con poesía describa a las sensaciones pálidas,
y luego cerrar mis ojos para perderme en la bruma,
del fulgor diamantino y nebuloso de sus versos,
que sobre mi piel escriba carmín de gotas sanguíneas...
Estoy, en efecto, esperando a mi amada,
ese ser que una noche de cálida primavera,
viera con profundo horror colarse por mi ventana,
para después dominado con sus cantos de sirena,
suplicarle de hinojos sus colmillos me clavara,
en el lugar predilecto de su pasión de hechizera,
oh dulce dolor, que amargo, de su boca recibiera,
y luego cual ebrio amante beberme la roja escencia,
de ese corazón de acero añejado por los siglos,
de pecar y de matar a quién vive del pecado,
ese corazón tan mío, yo antes mortal indigno,
y hoy de la noche príncipe, cual me llama en sus halagos...
Ella tan perfecta y blanca, tan esbelta y asesina,
con cierto majestoso encanto y grandeza melancólica,
de diamantes ser vestida por divina mereciera,
y el poeta para ella solo esclavo ser debiera.
Permítaseme hablar de la estrechez de su cintura,
y del singular encanto de sus brazos de escultura,
obra de algún dios osado, pagano, que en su locura,
amontonar gracias puras, temerario, querido hubiera,
en una dama inmortal, de belleza peregrina.
Se detenga la poesía para alabar la tersura,
de su piel cual alabastro y damasco de fina hechura,
dejad que elogie con versos, su caminar, que Virgilio,
en las diosas de su Olimpo en sus obras remitiera.
Quiza me reste decir que sus ojos veo mi luna...
Más, ¡Que vagas son mis palabras, que secas mis expresiones!,
permitidle un par de versos a este intento de poema,
superado en el camino por la emoción acuciante,
y que agoniza entre lágrimas mientras dura la bella espera:
Amante soy de tu mente y de tu belleza oscura,
y esclava tu de mi amor y de mi torpe poesía,
esclavos dos de la noche y también de la dulzura,
y triste es nuestro cariño y nuestra filosofía.
Penosa es para algunos nuestra incierta existencia,
pero bella tal cual ninguna nuestra nocturna locura,
pues sutil cual el peligro es nuestra romántica escencia,
bendices y das sentido al dolor con tu hermosura.
Angel de tiernas facciones y maneras exquisitas,
de sonrisa terrible y fácil, la mirada destellante,
amor, firmeza y terror, todo en tu bello semblante,
inacabable, inmortal fuente, del deseo, de la muerte.
¡Ah! Final afortunado y feliz al mismo tiempo,
al que llegan estas frases de corazón dedicadas,
quedad querido lector, con mi ingenuidad plasmada,
como tributo al amor, eterno al que me debo,
mientras bajo a su sepulcro a despertarla con ruegos,
caminando alegremente en las sombras y la niebla,
sombrío sendero que espero ilumine con su luz, para después apagarla, con un rutilante beso.
Para vos mi Verónica Nocturne, Artemisa y Musa.
Sebastien.