Mario Francisco LG
Un error en la Matrix
SOLILOQUIO
¡Oh, tú, mi fiel destino! ¿Qué almacenas con miedo
mientras pasan cien años a los versos del dedo?
Observa las razones que van alto en la esfera,
igual que la torcaza de ilusión agorera.
Si algún dolor dejé atrás, que se quede olvidado
como olvido dormir; como los libros, y el vado
donde por vez primera vi las letras más ciertas,
pero que se han gastado al mantenerse despiertas.
¡Oh, tú, que por mí fluyes! ¿Por qué debo entenderte
si has preferido el rumbo que te entrega la muerte?
Ni has pensado que en ella podrás darle un motivo
al motivo de vida que te tiene cautivo.
Como tampoco entiendes los dilemas divinos,
o la suerte que cambia, como cambian los vinos
de años, de bocas. ¿Qué debo de hacer si nací
con tu miedo, con esa punición sobre mí?
¡Oh! Si luego de estar llorando tantos veranos,
aprestan a los lirios tus escuálidas manos;
prosigue, no sin antes olvidar la existencia
de los malos recuerdos junto a toda su esencia.
¡Oh, tú, quien ha nacido gris de cuerpo conmigo!
¡Oh, tú que ahora está la causa en ti que persigo!
¿Por qué te has de afanar entonces para mal nuestro
conservando las páginas de un rostro siniestro?
Andrés Amendizábal
Sin puertas ni ventanas
Edit Sol México 2009
¡Oh, tú, mi fiel destino! ¿Qué almacenas con miedo
mientras pasan cien años a los versos del dedo?
Observa las razones que van alto en la esfera,
igual que la torcaza de ilusión agorera.
Si algún dolor dejé atrás, que se quede olvidado
como olvido dormir; como los libros, y el vado
donde por vez primera vi las letras más ciertas,
pero que se han gastado al mantenerse despiertas.
¡Oh, tú, que por mí fluyes! ¿Por qué debo entenderte
si has preferido el rumbo que te entrega la muerte?
Ni has pensado que en ella podrás darle un motivo
al motivo de vida que te tiene cautivo.
Como tampoco entiendes los dilemas divinos,
o la suerte que cambia, como cambian los vinos
de años, de bocas. ¿Qué debo de hacer si nací
con tu miedo, con esa punición sobre mí?
¡Oh! Si luego de estar llorando tantos veranos,
aprestan a los lirios tus escuálidas manos;
prosigue, no sin antes olvidar la existencia
de los malos recuerdos junto a toda su esencia.
¡Oh, tú, quien ha nacido gris de cuerpo conmigo!
¡Oh, tú que ahora está la causa en ti que persigo!
¿Por qué te has de afanar entonces para mal nuestro
conservando las páginas de un rostro siniestro?
Andrés Amendizábal
Sin puertas ni ventanas
Edit Sol México 2009