jesse salas
Poeta que considera el portal su segunda casa
En el oscuro rincón de una celda mi alma prisionera de su dolor
se balancea atormentada al frío temblor de una lágrima
cansada de tanto llorar... de tanto sufrir ... de tanto callar
el tiempo al revés de un horizonte sin sol.
Allí entre una página del olvido la vida a mi
mejilla una mueca fingida de
felicidad le pinto.
Como el destino de este corazón mendigo de amor y su
triste balada del dolor
de rodillas con esta carne
de mi mortal humanidad
ante la inmensa luna que ilumina
con este trozo de corazón que aun me queda,
soló con mi soledad
un poema de amor
le escribo
al reflejo de aquel beso ausente en el espejo,
aquellos ojos hechiceros que con su encanto
cautivaron la locura de mi pasión
hasta él desborde de su demencia,
a eso labios rojos ... fruta de delirio
fuego ... ardiente de dos bocas
que devoran como dos bestias hambrientas al beso apasionado
en un cóncavo y convexo tan perfecta en cada linea
y curva de su intimidad,
a la pérdida mirada del amor
que sostenido a su rubor mira entre las sabanas
de la piel como las caricias de dos
agitadas inventan formas de amar
aún no inventadas,
al desconsuelo de mi realidad
al sueño dormido de un verdadero amor
que se acaba como la cera que se desprende
de su vela,
A la oscuridad de mis días resignados
a vivir sin el tibio perfume de sus manos
a la ausencia de la mariposa tatuada
en el torbellino de sus caderas.
a la sombra de la muerte que desde su ventana
cual musa despojada de su inspiración
me vistió con el soplo de su aliento
en un fantasma del ayer
sólo con mi soledad.