No había Luna, ni mosquitos, ni nada que matara su desesperación, sus ansias, su melancolía, su sensación de vacío de siempre
desde siempre, a fin de cuentas
esa era su manera de amar.
Pareciera que nunca duerme. Se le ve cansado, quizá hoy sea el día, él sabe que lo es, más se detiene solo a mirar el cielo, sin Luna y sin mosquitos, ni nada que mate sus ansias.
Está decidido y busca. Busca y no logra porque le parece poco lo que encuentra y busca. Pasan los primeros cigarrillos y el sigue mirando a las estrellas que tampoco encuentra. Y el vaivén de sus pasos hacen ritmo con las manecillas que desangran el tiempo, su tiempo, el tiempo de la otra por la que no encuentra y busca, porque esa es su manera de amar.
En medio de la noche, recorre letras a mil suspiros por hora para hallarse con ella, la que ni siquiera busca y encuentra, la que goza el vaivén de los pasos del que la busca y no encuentra, sin embargo él no claudica y sigue. Ésta es la noche y se encuentra decidido.
Busca, se mece los cabellos buscando, su corazón la nombra a cada palpitar porque la busca, la dibuja detrás de la cortinas que se mueven como las manecillas que desangran su tiempo.
Parece decidido y sin embargo no encuentra lo que busca porque se da cuenta que esa es su manera de amar, sencilla, amarga llena de su vacío, sin Lunas y sin mosquitos, pero sobrada de angustia porque no encuentra lo que busca.
Pareciera que nunca duerme porque parece que era el día, quizá lo era, sin embargo mira al cielo, sin Luna y sin mosquitos y no hay nada que mate sus ansias.
Suspira profundamente, esperando quizá otro día.
esa era su manera de amar.
Pareciera que nunca duerme. Se le ve cansado, quizá hoy sea el día, él sabe que lo es, más se detiene solo a mirar el cielo, sin Luna y sin mosquitos, ni nada que mate sus ansias.
Está decidido y busca. Busca y no logra porque le parece poco lo que encuentra y busca. Pasan los primeros cigarrillos y el sigue mirando a las estrellas que tampoco encuentra. Y el vaivén de sus pasos hacen ritmo con las manecillas que desangran el tiempo, su tiempo, el tiempo de la otra por la que no encuentra y busca, porque esa es su manera de amar.
En medio de la noche, recorre letras a mil suspiros por hora para hallarse con ella, la que ni siquiera busca y encuentra, la que goza el vaivén de los pasos del que la busca y no encuentra, sin embargo él no claudica y sigue. Ésta es la noche y se encuentra decidido.
Busca, se mece los cabellos buscando, su corazón la nombra a cada palpitar porque la busca, la dibuja detrás de la cortinas que se mueven como las manecillas que desangran su tiempo.
Parece decidido y sin embargo no encuentra lo que busca porque se da cuenta que esa es su manera de amar, sencilla, amarga llena de su vacío, sin Lunas y sin mosquitos, pero sobrada de angustia porque no encuentra lo que busca.
Pareciera que nunca duerme porque parece que era el día, quizá lo era, sin embargo mira al cielo, sin Luna y sin mosquitos y no hay nada que mate sus ansias.
Suspira profundamente, esperando quizá otro día.