Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Cuando se diluye en la bóveda del tiempo toda esperanza, en tiempos de la depredadora guerra, sientes que ya la vida se aleja, porque la muerte se acerca, sin que tengas tiempo, para que se escuche tu agónica queja.
SOLO UN MURO
Desde la luz que se apaga,
el llanto que cesa,
la cruz que se eleva,
la brisa que agita quimera
los pasos que pesados se alejan,
los campos surcando su queja
las voces que van a agonizar a pradera;
todo queda suspendido sin promesa,
consumiéndose en el alfa de la espera.
Dejando una estela de dolor,
ojos que ya no pueden o quieren ver,
boca que ha dejado de acariciar y alimentar,
piel que se ha negado a sentir,
manos que ya no quieren asir.
Sólo queda
ese olor sepulcral que empieza a invadir,
aquellas palabras,
que ya no se quieren oír.
Solo un muro,
tan solo un muro;
el muro donde solo tu alma
ha empezado a morir.
Desde la luz que se apaga,
el llanto que cesa,
la cruz que se eleva,
la brisa que agita quimera
los pasos que pesados se alejan,
los campos surcando su queja
las voces que van a agonizar a pradera;
todo queda suspendido sin promesa,
consumiéndose en el alfa de la espera.
Dejando una estela de dolor,
ojos que ya no pueden o quieren ver,
boca que ha dejado de acariciar y alimentar,
piel que se ha negado a sentir,
manos que ya no quieren asir.
Sólo queda
ese olor sepulcral que empieza a invadir,
aquellas palabras,
que ya no se quieren oír.
Solo un muro,
tan solo un muro;
el muro donde solo tu alma
ha empezado a morir.