Somos, ligeramente conocidos.

Waldo Anacruza

Poeta recién llegado
Somos, ligeramente conocidos.
(a la mujer que amo)

Somos ligeramente conocidos,
entre las selvas de ojos envidiando
nuestras situaciones cercanas de contactos
caricias escupidas en las manos de nuestras almas.

Somos ligeramente conocidos,
mil miradas de carne al rojo vivo
y llantos de ancestros escondidos en un templo
vidas pasadas que proponen nuestro encuentro.

Templarte en un monte rosado,
secuenciando en el ojo de tu mente
nuestros rostros cercanos y ligeramente familiares
cuanto más espero, más te extraño.

Mirarte de cerca, siendo un cíclope
mareado entre los ríos imaginantes de llamas y colores
construyendo miles de destinos entre las alas de tus lagos
y un libro semi abierto
casi abierto.

Somos ligeramente conocidos,
cuando estamos lejos, muy lejos.
Y vacilante tu cuerpo contonea el sabor de nuestras razas
acurrucado en el campo perdido
felizmente en algún lugar solo recordado por recuerdos
y por nuestros labios unidos
en el único beso.

Toco tus momentos, en nuestras pequeñas influencias
y en tu sala sonrío en una fotografía añeja
clamando saltar al marco, empujando al término
un brinco desprevenido e improvisado
al lago de tus sueños
y tus corazones de fuego.​
 
Bueno, estrictamente aparecen forzados algunos versos en sus rimas, sin embargo maneja también un juego de emociones e ideas. Agradable contexto.

Saludos, abrazos y Bienvenido Paisano

Andrés Amendizábal




Somos, ligeramente conocidos.
(a la mujer que amo)

Somos ligeramente conocidos,
entre las selvas de ojos envidiando
nuestras situaciones cercanas de contactos
caricias escupidas en las manos de nuestras almas.

Somos ligeramente conocidos,
mil miradas de carne al rojo vivo
y llantos de ancestros escondidos en un templo
vidas pasadas que proponen nuestro encuentro.

Templarte en un monte rosado,
secuenciando en el ojo de tu mente
nuestros rostros cercanos y ligeramente familiares
cuanto más espero, más te extraño.

Mirarte de cerca, siendo un cíclope
mareado entre los ríos imaginantes de llamas y colores
construyendo miles de destinos entre las alas de tus lagos
y un libro semi abierto
casi abierto.

Somos ligeramente conocidos,
cuando estamos lejos, muy lejos.
Y vacilante tu cuerpo contonea el sabor de nuestras razas
acurrucado en el campo perdido
felizmente en algún lugar solo recordado por recuerdos
y por nuestros labios unidos
en el único beso.

Toco tus momentos, en nuestras pequeñas influencias
y en tu sala sonrío en una fotografía añeja
clamando saltar al marco, empujando al término
un brinco desprevenido e improvisado
al lago de tus sueños
y tus corazones de fuego.​
 

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