Soneto otoñal.

Guillermo Leòn

Poeta recién llegado
Pereza de otoño, de hojas y viento.
Los ocres, los grises; del humo el olor,
Y soles tan tibios como una caricia.
Tardes ruboradas, trinos de ocasión.

Parrales desnudos, dormidos, silentes.
Pereza de otoño; reposo de Dios.
Mejillitas frías, naricitas rojas.
Otoño es un niño jugando al sol.

Matices de fuego danzando en el bosque.
Crujir de las hojas; hongos, humedad.
Mi paso extraviado hollando el silencio.

Pereza de otoño y mi soledad.
Aromas ausentes, ¡y tan añoradas!
Hoy vino el otoño a encender mi hogar.
 
Wow, finísimos y muy inspirados estos versos que acabo de leer, poeta.
Las metáforas en el lugar y momento preciso, el sentido de todo el poema nítido y suave... muy hermoso.
Me permito dejarte todos los luceros del celeste y un beso con mi admiración,:::hug:::
 
me gusto mucho la forma de expresarte pero creo que este poema no se debería llamar "soneto", los versos no son "endecasílabos" e incumple la regla general de que: "en los dos cuartetos primer verso rima con el cuarto y el segundo con el tercero, y en ambos deben ser unas mismas las consonancias".
 
Caupolicán
de Rubén Darío










Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro, o estrangular un león.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

"¡El Toqui, el Toqui!", clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La Aurora dijo: "Basta",
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.
 

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