MiguelAngel
Poeta recién llegado
Esta noche de insoportable lejanía, pienso.
Que hermosas las noches que contigo pase,
Contemplando tu rostro bajo aquella luz tenue,
Donde tus ojos me veían y nuestras miradas se perdían
En nuestros ojos, en nosotros.
Al vernos así era imposible resistirnos a sonreír,
Como no iba a sonreír teniéndote conmigo.
Recuerdo que aquellas sonrisas
Eran como imanes para nuestros labios,
Que nos obligaban a besarnos,
Y se convertía todo en el acto más placentero de dar amor
Donde nuestros cuerpos tibios rozaban,
Nuestros labios y manos quisquillosas y curiosas
Exploraban, buscaban
La humedad de los espacios del pudor que se alejaba
Y daba paso al sentimiento que nos hacía estremecer
Y nos llevaba por fragmentos a la muerte,
Viajando al paraíso
Reviviendo en agotadas risas, de inmejorable satisfacción.
Que hermosas las noches que contigo pase,
Contemplando tu rostro bajo aquella luz tenue,
Donde tus ojos me veían y nuestras miradas se perdían
En nuestros ojos, en nosotros.
Al vernos así era imposible resistirnos a sonreír,
Como no iba a sonreír teniéndote conmigo.
Recuerdo que aquellas sonrisas
Eran como imanes para nuestros labios,
Que nos obligaban a besarnos,
Y se convertía todo en el acto más placentero de dar amor
Donde nuestros cuerpos tibios rozaban,
Nuestros labios y manos quisquillosas y curiosas
Exploraban, buscaban
La humedad de los espacios del pudor que se alejaba
Y daba paso al sentimiento que nos hacía estremecer
Y nos llevaba por fragmentos a la muerte,
Viajando al paraíso
Reviviendo en agotadas risas, de inmejorable satisfacción.