¿Cuándo?, ¿cuánto?, ¿cuándo?,
¿por qué murieron los por qué?.
¡Corre, corre, alma mía!:
huye lejos de este cuerpo.
¡Esfúmate, oh alma mía!:
como un susurro,
¡cómo el mismo amor, esfúmate!.
¿Es que no has conocido suficiente ya?,
¿no estás ya colmada de regalos preciosos?.
¡Corre en la dirección que mi mente lo hace, voluntad mía!,
llévate contigo todos mis recuerdos, tu brillante dolor;
que la escarcha cubra todo cuanto he vivido,
regálasela a aquéllos que contemplaron alguna vez mi rostro:
que puedan abrigarse ellos con su frialdad,
que puedan sus mentes convertirme en vacía blancura...
Noche de estrellas y prosas poéticas.