cristobal monzon lemus
Poeta que considera el portal su segunda casa
SORPRESA
Más tranquilidad en aguas serenas
no existía. Suavidad en esos tibios
amaneceres de amor, tampoco.
Quietud embriagadora, en orillas
de esa mar, de cariño, menos.
Pequeñas ráfagas de viento,
empezaron a mover la nave, en tan
pocas horas en el reloj de sus vidas,
sin sospechar cambio, pero
se estaba dando.
Sin que el dios de la noche, advirtiera,
las cadenas de la tempestad se
rompieron, eran grandes olas, todo se
vino abajo: Naufragó la nave, se ahogó
el cariño,desapareció el amor.
Duró un vaso con agua, aquel romance,
tiburones de desasosiego, en turbias
aguas. No existe según chamanes
adivinadores de la suerte, motivo alguno
tan repentino ocaso. Yo sé sin embargo
musitó ella; fue una sirena de otro lago
mí desdicha Él es marinero de muchas
aguas, e incansables viajes.
Más tranquilidad en aguas serenas
no existía. Suavidad en esos tibios
amaneceres de amor, tampoco.
Quietud embriagadora, en orillas
de esa mar, de cariño, menos.
Pequeñas ráfagas de viento,
empezaron a mover la nave, en tan
pocas horas en el reloj de sus vidas,
sin sospechar cambio, pero
se estaba dando.
Sin que el dios de la noche, advirtiera,
las cadenas de la tempestad se
rompieron, eran grandes olas, todo se
vino abajo: Naufragó la nave, se ahogó
el cariño,desapareció el amor.
Duró un vaso con agua, aquel romance,
tiburones de desasosiego, en turbias
aguas. No existe según chamanes
adivinadores de la suerte, motivo alguno
tan repentino ocaso. Yo sé sin embargo
musitó ella; fue una sirena de otro lago
mí desdicha Él es marinero de muchas
aguas, e incansables viajes.