Pablo Alonso
Poeta asiduo al portal
Inocencia desmedida en frutos amargos convierto,
Muchas voces y muchos sueños que ahora viajan con el viento,
Y las letras que formando palabras se van entretejiendo
Y que tiradas al aire ahora causan desconsuelo.
Mis ojos entristecidos ahora viajan muy lento,
Mi mirada triste se fija en el duro y frío suelo,
Las lágrimas que mojan mi almohada son purísimas escarchas de hielo
De la nieve de mi alma en el crudo y entumecido invierno.
¿Qué mas tienes para mí, vida cruel y despiadada?
Todo lo que con amor di se ha convertido en perlas hechas de nada,
¿qué otra sorpresa ofrecerás a este pobre ser humano?
Pues solo eso soy, polvo perdido, vasija de frágil barro.
El dolor que me atormenta es una horrible pesadilla,
Es pena sin remedio, es enfermedad sin medicina;
Esta daga que profunda se ha internado en mis entrañas
Es la decepción nefasta que se ha clavado en mi alma.
Dolor que caminas conmigo y en el viaje me acompañas
Has convertido mis noches en guerras de grandes hazañas,
Donde lloro desconcertado esperando la luz del alba,
Esperando que con el amanecer llegué por fin el cesar de mis lágrimas.
Muchas voces y muchos sueños que ahora viajan con el viento,
Y las letras que formando palabras se van entretejiendo
Y que tiradas al aire ahora causan desconsuelo.
Mis ojos entristecidos ahora viajan muy lento,
Mi mirada triste se fija en el duro y frío suelo,
Las lágrimas que mojan mi almohada son purísimas escarchas de hielo
De la nieve de mi alma en el crudo y entumecido invierno.
¿Qué mas tienes para mí, vida cruel y despiadada?
Todo lo que con amor di se ha convertido en perlas hechas de nada,
¿qué otra sorpresa ofrecerás a este pobre ser humano?
Pues solo eso soy, polvo perdido, vasija de frágil barro.
El dolor que me atormenta es una horrible pesadilla,
Es pena sin remedio, es enfermedad sin medicina;
Esta daga que profunda se ha internado en mis entrañas
Es la decepción nefasta que se ha clavado en mi alma.
Dolor que caminas conmigo y en el viaje me acompañas
Has convertido mis noches en guerras de grandes hazañas,
Donde lloro desconcertado esperando la luz del alba,
Esperando que con el amanecer llegué por fin el cesar de mis lágrimas.