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Soy tu lírico por excelencia

Último Poeta Maldito

Poeta asiduo al portal
Mi dulce princesa, la mariposa
de alas diáfanas y multicolores,
esas que te hacen ver tan hermosa,
vine de lejos a traeros flores.

Mi alma se me escapa en puro suspiro
cuando el nimbo de vuestra frente brilla,
¡Ah, dulce amor, cuando ido, yo te miro!
¡Ah, dulce amor, cuando ida, tú me miras!

El sol de tus ojos a mi ser ciega…
Perdón si la metáfora os confunde.
Mas, mi denotativo desosiega
cuando mi ser lírico lo sacude.

¡Oh, bella flor, primavera ya viene!
Su hada trae solo para ti
un elixir que juventud contiene;
yo, versos de amor que os harán sentir.

He dado mis odas a la natura,
mis cantos elegiacos al destino.
Pero, el madrigal a ti niña pura
trayendo epitalamios del olvido.

Va mi sátira a la realidad
cuando dice que soy muy subjetivo.
Porque es estúpida su vanidad
cuando esta sabe que en su sueño vivo.

Ya azulea el pétalo de tu boca
y se agita loco mi corazón,
mientras se derrite dulce tu rosa
…perdona por el seguido hipérbaton.

El viento pretende robar tu esencia,
con céfiros tangibles y veloces;
el silfo ladrón pierde la paciencia,
pues tu mágica aura le impide roces.

En esas noches, cuando eréis estrella,
suelo verte con ojos cristalinos.
Pues veros lejos crece mis querellas,
porque tan lejos os pienso intranquilo.

Recuerdo el día en que te conocí,
un venusto día de primavera;
cortabas flores; yo os vi y sonreí;
bella, sonreíste por vez primera.

Sonrisa afable que ahora sonríes
mientras, locuaz, recito mi cariño;
lo cual os pido que jamás olvides
y guardes, amor, en tu rojo escriño.

Mi princesa humilde y sin castillo
no necesitáis esas vanidades.
Porque cuando os trine este pajarillo
se borrarán tus infelicidades.

Pues mi áurea lira por ti delira,
y al tañerla, mi alma hacia ti escapa.
Qué hechizo tiras cuando me miras,
que en tu irisada pupila la atrapas.

El ocaso acaso y dorado llega;
vislumbra su agonía vuestra tez.
Podría adaptar la luz con que pega
y volver en rimas su palidez.

Podría escribir miles de verso,
pero a tu belleza no estaría cerca.
Así que recuerda en estos dispersos
que soy tu lírico por excelencia.
 
Mi dulce princesa, la mariposa

de alas diáfanas y multicolores,

esas que te hacen ver tan hermosa,

vine de lejos a traeros flores.


Mi alma se me escapa en puro suspiro

cuando el nimbo de vuestra frente brilla,

¡Ah, dulce amor, cuando ido, yo te miro!

¡Ah, dulce amor, cuando ida, tú me miras!


El sol de tus ojos a mi ser ciega…

Perdón si la metáfora os confunde.

Mas, mi denotativo desosiega

cuando mi ser lírico lo sacude.


¡Oh, bella flor, primavera ya viene!

Su hada trae solo para ti

un elixir que juventud contiene;

yo, versos de amor que os harán sentir.


He dado mis odas a la natura,

mis cantos elegiacos al destino.

Pero, el madrigal a ti niña pura

trayendo epitalamios del olvido.


Va mi sátira a la realidad

cuando dice que soy muy subjetivo.

Porque es estúpida su vanidad

cuando esta sabe que en su sueño vivo.


Ya azulea el pétalo de tu boca

y se agita loco mi corazón,

mientras se derrite dulce tu rosa

…perdona por el seguido hipérbaton.


El viento pretende robar tu esencia,

con céfiros tangibles y veloces;

el silfo ladrón pierde la paciencia,

pues tu mágica aura le impide roces.


En esas noches, cuando eréis estrella,

suelo verte con ojos cristalinos.

Pues veros lejos crece mis querellas,

porque tan lejos os pienso intranquilo.


Recuerdo el día en que te conocí,

un venusto día de primavera;

cortabas flores; yo os vi y sonreí;

bella, sonreíste por vez primera.


Sonrisa afable que ahora sonríes

mientras, locuaz, recito mi cariño;

lo cual os pido que jamás olvides

y guardes, amor, en tu rojo escriño.


Mi princesa humilde y sin castillo

no necesitáis esas vanidades.

Porque cuando os trine este pajarillo

se borrarán tus infelicidades.


Pues mi áurea lira por ti delira,

y al tañerla, mi alma hacia ti escapa.

Qué hechizo tiras cuando me miras,

que en tu irisada pupila la atrapas.


El ocaso acaso y dorado llega;

vislumbra su agonía vuestra tez.

Podría adaptar la luz con que pega

y volver en rimas su palidez.


Podría escribir miles de verso,

pero a tu belleza no estaría cerca.

Así que recuerda en estos dispersos

que soy tu lírico por excelencia.

el poeta sabe todo lo que se puede decir en un pensamiento escrito, poético, y se inspira en su sentimiento de amor y lo da todo y todo es atesorado por cualquiera que lo lee y mas por el destinatario

saludos
 

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