Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Soy tu pecado mortal y eterno,
ese deseo que no se olvida,
un susurro en la noche de invierno,
la caricia que quema tu vida.
En tu piel me deslizo despacio,
como el fuego que nunca se apaga,
soy el beso que rompe tu espacio,
la pasión que tu alma embriaga.
Cada encuentro es un sueño velado,
una danza de cuerpos sin prisa,
un suspiro que queda atrapado,
una flor que se abre en tu risa.
Soy el eco de un beso profundo,
la tormenta que azota tu ser,
el misterio escondido en tu mundo,
el pecado que quieres tener.
En tu boca se pierde mi nombre,
en tus manos se enciende mi piel,
soy tu noche, tu amante y tu hombre,
la locura que buscas con miel.
Y aunque seamos un dulce pecado,
nos rendimos sin miedo al placer,
porque en ti mi deseo ha encontrado,
ese fuego que no quiere arder.
ese deseo que no se olvida,
un susurro en la noche de invierno,
la caricia que quema tu vida.
En tu piel me deslizo despacio,
como el fuego que nunca se apaga,
soy el beso que rompe tu espacio,
la pasión que tu alma embriaga.
Cada encuentro es un sueño velado,
una danza de cuerpos sin prisa,
un suspiro que queda atrapado,
una flor que se abre en tu risa.
Soy el eco de un beso profundo,
la tormenta que azota tu ser,
el misterio escondido en tu mundo,
el pecado que quieres tener.
En tu boca se pierde mi nombre,
en tus manos se enciende mi piel,
soy tu noche, tu amante y tu hombre,
la locura que buscas con miel.
Y aunque seamos un dulce pecado,
nos rendimos sin miedo al placer,
porque en ti mi deseo ha encontrado,
ese fuego que no quiere arder.