Stephanie
Allá, detrás de los océanos, perdida en la bruma
de la distancia, dejé una calle inmensa.
Calipso, Circe y Montecarlo; iconos de los tiempos
están tan lejos como ella.
En las tardes escondido tras el crepúsculo
con honda resignación la miro,
y dejo mensajes de amor en el glamuroso viento
que nunca llegan a sus oídos.
En esa calle, tan llena de mis recuerdos
dejé las huellas de un amor ya muerto.
Dejé el eco sonoro de mi alegría, la ilusión, el verbo
y como fantasma que huye de su pasado me fui lejos.
Mientras una niña; fruto de mis emociones
como un lirio fabuloso fue creciendo
y sentada bajo la sombra del árbol de la hermosura
se tiñó de rosado como un pétalo.
A esa calle vuelven silenciosos mis pasos lentos,
y se asoman al vidrio de su ventana
mis recuerdos como dolorosos espectros,
y veo que la niña en su soledad se agita implorando al cielo.
En otras calles más alegres me lamento y rio
mientras recuerdo con tristeza aquel callejón que fue tan mío,
y entonces descubro las delicias de un amor perverso,
cuando me fundo en la amargura de extraños besos.
Y me hundo en la miseria de amargos desencantos
y abrazado a un farol de dolor imploro,
las mismas manos, la misma piel, las mismas carnes
se desangran bajo el tirano sol de otras calles.
A veces cuando sonrio me parece que agita sus manitas blancas
y ebrio de la emoción salgo a buscarla.
Pero son tan distintas estas veredas
y en ellas tan solo encuentro desolación y lágrimas.
Entonces me rebelo contra el destino
me instalo en el ayer y voy gritando,
y frotando mi pecho contra el muro insensible y sordo
preso de una gran angustia me reviento y lloro.
Albo Aguasola
Allá, detrás de los océanos, perdida en la bruma
de la distancia, dejé una calle inmensa.
Calipso, Circe y Montecarlo; iconos de los tiempos
están tan lejos como ella.
En las tardes escondido tras el crepúsculo
con honda resignación la miro,
y dejo mensajes de amor en el glamuroso viento
que nunca llegan a sus oídos.
En esa calle, tan llena de mis recuerdos
dejé las huellas de un amor ya muerto.
Dejé el eco sonoro de mi alegría, la ilusión, el verbo
y como fantasma que huye de su pasado me fui lejos.
Mientras una niña; fruto de mis emociones
como un lirio fabuloso fue creciendo
y sentada bajo la sombra del árbol de la hermosura
se tiñó de rosado como un pétalo.
A esa calle vuelven silenciosos mis pasos lentos,
y se asoman al vidrio de su ventana
mis recuerdos como dolorosos espectros,
y veo que la niña en su soledad se agita implorando al cielo.
En otras calles más alegres me lamento y rio
mientras recuerdo con tristeza aquel callejón que fue tan mío,
y entonces descubro las delicias de un amor perverso,
cuando me fundo en la amargura de extraños besos.
Y me hundo en la miseria de amargos desencantos
y abrazado a un farol de dolor imploro,
las mismas manos, la misma piel, las mismas carnes
se desangran bajo el tirano sol de otras calles.
A veces cuando sonrio me parece que agita sus manitas blancas
y ebrio de la emoción salgo a buscarla.
Pero son tan distintas estas veredas
y en ellas tan solo encuentro desolación y lágrimas.
Entonces me rebelo contra el destino
me instalo en el ayer y voy gritando,
y frotando mi pecho contra el muro insensible y sordo
preso de una gran angustia me reviento y lloro.
Albo Aguasola
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