jlrecionet
Poeta recién llegado
Empieza la noche regañando unos labios
a un alma por unas copas
Por un nutrido cuerpo esbelto al que le falta la cordura.
La muerte sella en sus labios un aroma de carmín
Que es como si un hielo rozara sus hendiduras
Y dejara un reguero de gotas para nadie
Y sin nombre.
La soledad te pisa los talones
Y desaparecen la primera o la tercera persona
Cuando uno empieza a escribir y no lo hace tampoco
Para nadie en concreto y sí para todos a la vez.
Primaveras, naranjos, coches abandonados,
Almendros que en una semana han perdido
Toda su belleza poblada de lilas.
Y luego moros, turcos, negros de Matonjé,
De Merode, mezclados con tu gente
Y contigo mismo.
Buenas palabras, mejores risas
Y más vasos que asesinan tu garganta.
Y entre tantas personas hay una caza por el olvido
Para una persona solitaria.
Es la búsqueda de un cuerpo que rodee otro cuerpo
Con un voz de silencio
advirtiendo todas estas cosas mudas.
Toda la muerte pasa por delante de uno ojos
Y ya no digo vidriosos o con pena,
No existe esa clase de sentimientos
Para uno al que no puede atribuirsele como un vencido.
Es simplemente su espalda, sus hombros relajados
Tu tono despierto y suave,
Su boca cada vez más cerca de la barra del bar.
Las calles están desiertas
Y cubiertas de adoquines de plomo,
Los pasos son cada vez más nobles
Y más sinceros,
El cuerpo camina a su tierra
Para saldar sus deudas con las promesas
Que no ha cumplido
Pero siempre hay alguna cama,
Algún banco o un sofá que hace unas ocasiones
de mano tendida
que le impiden a uno
ir de punta a punta directo hacia la locura.
a un alma por unas copas
Por un nutrido cuerpo esbelto al que le falta la cordura.
La muerte sella en sus labios un aroma de carmín
Que es como si un hielo rozara sus hendiduras
Y dejara un reguero de gotas para nadie
Y sin nombre.
La soledad te pisa los talones
Y desaparecen la primera o la tercera persona
Cuando uno empieza a escribir y no lo hace tampoco
Para nadie en concreto y sí para todos a la vez.
Primaveras, naranjos, coches abandonados,
Almendros que en una semana han perdido
Toda su belleza poblada de lilas.
Y luego moros, turcos, negros de Matonjé,
De Merode, mezclados con tu gente
Y contigo mismo.
Buenas palabras, mejores risas
Y más vasos que asesinan tu garganta.
Y entre tantas personas hay una caza por el olvido
Para una persona solitaria.
Es la búsqueda de un cuerpo que rodee otro cuerpo
Con un voz de silencio
advirtiendo todas estas cosas mudas.
Toda la muerte pasa por delante de uno ojos
Y ya no digo vidriosos o con pena,
No existe esa clase de sentimientos
Para uno al que no puede atribuirsele como un vencido.
Es simplemente su espalda, sus hombros relajados
Tu tono despierto y suave,
Su boca cada vez más cerca de la barra del bar.
Las calles están desiertas
Y cubiertas de adoquines de plomo,
Los pasos son cada vez más nobles
Y más sinceros,
El cuerpo camina a su tierra
Para saldar sus deudas con las promesas
Que no ha cumplido
Pero siempre hay alguna cama,
Algún banco o un sofá que hace unas ocasiones
de mano tendida
que le impiden a uno
ir de punta a punta directo hacia la locura.