Alex Courant
Poeta adicto al portal
En el perfil de su nombre
niños había de tristeza inusitada.
La dulce inexperiencia de virgen
la recorría de pies a cabeza, entera,
igual que un albor de grillos
al agua en la cornisa.
Era su nombre espeso ramaje,
loco vendaval, cierta melancolía,
pasando, diariamente,
como un presagio.
Noches de medianoche
donde búhos insomnes
ladraban a los perros la soledad
de pronunciarlo solo.
Sólo como pasa el silencio
y su estéril acústica va preñando
a la cal en las paredes.
De ella, su nombre,
como oasis de serpientes
en medio de algún veneno,
paso fugitivo donde cabrían
todos los acantilados.
Suyo hasta que marchó
y me lo dejó caminando
como aún camina el ganso
-con el cuello colgando-
después de ser decapitado
por el machete certero.
niños había de tristeza inusitada.
La dulce inexperiencia de virgen
la recorría de pies a cabeza, entera,
igual que un albor de grillos
al agua en la cornisa.
Era su nombre espeso ramaje,
loco vendaval, cierta melancolía,
pasando, diariamente,
como un presagio.
Noches de medianoche
donde búhos insomnes
ladraban a los perros la soledad
de pronunciarlo solo.
Sólo como pasa el silencio
y su estéril acústica va preñando
a la cal en las paredes.
De ella, su nombre,
como oasis de serpientes
en medio de algún veneno,
paso fugitivo donde cabrían
todos los acantilados.
Suyo hasta que marchó
y me lo dejó caminando
como aún camina el ganso
-con el cuello colgando-
después de ser decapitado
por el machete certero.