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Poeta recién llegado
Un pequeño experimento, sobre el vínculo más intangible y a la vez más real del escritor.
____
¡Fracaso!
Es el arbitrio del metal quien me ha exhortado
Son las áspides venables del rincón
Sisean: la tercera, la segunda y la primera.
Insisten, ineluctables, en terca obcecación
¡Fracaso! ...¡Han concitado al viento!
De furiosas vaharadas
Ulula y asciende, da una voltereta
Espira una sonrisa maldita en mi oído y
conmuta el coro en el fragor del rugido.
Me estremece el humor inmanente de su cuerpo,
el vahído de sus efluvios impregnados
en versos de jadeos contenidos, de florilegios inacabados
Un momento ¡La he tocado!
Un instante y me ha abrasado
el soslayo de tizones encendidos, de irises
de crepúsculo tardío
Me elude con un gesto altanero, se mofa de mi inmenso talento,
me mira, se acerca, me toma, se muestra dadivosa.
Tanteo, la alcanzo, ha sido una ilusión nula, escapa socarrona.
Intenta, intenta, retumba la voz del tintero: “No quiere, no tiene
¿No has visto que carece de objeto?”
Me pierdo, me nublo, me infecto de ira.
¿Qué quieren? ¿Qué hacen? ¿Por qué tanta desidia?
Papiro y pergamino altivos se muestran ¡No toques! Previenen airosos.
¡Yo quiero, yo puedo! Exploto imperioso.
Se ofenden, se alejan, refunfuñan quedamente.
No ahora, no entiendes, ¡La has perdido!, no puedes.
Ahora soy las letras y soy el nombre
Soy el crimen y el culpable
Soy las sílabas que se han fundido
El viento que me ha dado vuelta
y me condena a la burla en la garganta,
al desaire de la pluma insurrecta,
a la mancha levantisca en añicos de papel
Se escabulle, me esquiva, trastabilla en las escaleras.
La tengo, y me consumo en el anhelo triunfante
de su lengua delicuescente, de placeres en labios vibrantes.
¡Ahora, atrévanse a rechazarme!
¡Fracaso!, ¡fracaso! Sentencian las tapias, los secundan las losas de piedra.
Ciegos inane, ¿Cuál fracaso? Reconozcan mi victoria,
Te engañas, te mientes, te obcecas fatuamente.
No es ella, eres tú, has naufragado: Ya no eres.
Sí soy, siempre he sido, no renieguen, el soneto espera.
“Ya no sirvo, no lo intentes”, musita y se aleja cabizbaja,
“Eres tú y soy yo, se lamenta compungida”.
Las negras pupilas decaen, su cuerpo se esfuma en la brisa.
“Me pierdes, te has perdido, no eres más que un soñador
¡Ya no puedes! ¡Ya no debes! ¡Ya no eres escritor!”
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Subversión
¡Fracaso!
Es el arbitrio del metal quien me ha exhortado
Son las áspides venables del rincón
Sisean: la tercera, la segunda y la primera.
Insisten, ineluctables, en terca obcecación
¡Fracaso! ...¡Han concitado al viento!
De furiosas vaharadas
Ulula y asciende, da una voltereta
Espira una sonrisa maldita en mi oído y
conmuta el coro en el fragor del rugido.
Me estremece el humor inmanente de su cuerpo,
el vahído de sus efluvios impregnados
en versos de jadeos contenidos, de florilegios inacabados
Un momento ¡La he tocado!
Un instante y me ha abrasado
el soslayo de tizones encendidos, de irises
de crepúsculo tardío
Me elude con un gesto altanero, se mofa de mi inmenso talento,
me mira, se acerca, me toma, se muestra dadivosa.
Tanteo, la alcanzo, ha sido una ilusión nula, escapa socarrona.
Intenta, intenta, retumba la voz del tintero: “No quiere, no tiene
¿No has visto que carece de objeto?”
Me pierdo, me nublo, me infecto de ira.
¿Qué quieren? ¿Qué hacen? ¿Por qué tanta desidia?
Papiro y pergamino altivos se muestran ¡No toques! Previenen airosos.
¡Yo quiero, yo puedo! Exploto imperioso.
Se ofenden, se alejan, refunfuñan quedamente.
No ahora, no entiendes, ¡La has perdido!, no puedes.
Ahora soy las letras y soy el nombre
Soy el crimen y el culpable
Soy las sílabas que se han fundido
El viento que me ha dado vuelta
y me condena a la burla en la garganta,
al desaire de la pluma insurrecta,
a la mancha levantisca en añicos de papel
Se escabulle, me esquiva, trastabilla en las escaleras.
La tengo, y me consumo en el anhelo triunfante
de su lengua delicuescente, de placeres en labios vibrantes.
¡Ahora, atrévanse a rechazarme!
¡Fracaso!, ¡fracaso! Sentencian las tapias, los secundan las losas de piedra.
Ciegos inane, ¿Cuál fracaso? Reconozcan mi victoria,
Te engañas, te mientes, te obcecas fatuamente.
No es ella, eres tú, has naufragado: Ya no eres.
Sí soy, siempre he sido, no renieguen, el soneto espera.
“Ya no sirvo, no lo intentes”, musita y se aleja cabizbaja,
“Eres tú y soy yo, se lamenta compungida”.
Las negras pupilas decaen, su cuerpo se esfuma en la brisa.
“Me pierdes, te has perdido, no eres más que un soñador
¡Ya no puedes! ¡Ya no debes! ¡Ya no eres escritor!”
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