Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Fue un gran misterio el silencio que los cerros
despedían.
Fue un gran misterio que aguardases en la cúspide
con el haz de tus ojos
que hacia mí se dirigían.
Allá en lo alto tu vestido Lila bailoteaba sacudido
por la ventisca,
y en la bruma enceguecida:¡ámame! pedías y yo,
y yo consentía.
Tenía la certeza de tus labios poderosos ,
tenía la cabeza llena de loca alegría...
Apreté los dientes y trepé, incesante trepé,
Pero las piedras arañaban mis pies, mis manos
y la sed me consumía...
¿Cómo abrazarte amada mía...?
Mi respiración jadeante apenas ya respondía.
Sedienta, agotada mi garganta sólo agua pedía.
¡ Una vertiente, Dios Santo,! pero nada había.
Con ráfagas veloces el viento cruel ya descendía,
Y a ti ya no te veía, mi sudor eran tus lágrimas
y mi oscuridad se hundió ese día...
despedían.
Fue un gran misterio que aguardases en la cúspide
con el haz de tus ojos
que hacia mí se dirigían.
Allá en lo alto tu vestido Lila bailoteaba sacudido
por la ventisca,
y en la bruma enceguecida:¡ámame! pedías y yo,
y yo consentía.
Tenía la certeza de tus labios poderosos ,
tenía la cabeza llena de loca alegría...
Apreté los dientes y trepé, incesante trepé,
Pero las piedras arañaban mis pies, mis manos
y la sed me consumía...
¿Cómo abrazarte amada mía...?
Mi respiración jadeante apenas ya respondía.
Sedienta, agotada mi garganta sólo agua pedía.
¡ Una vertiente, Dios Santo,! pero nada había.
Con ráfagas veloces el viento cruel ya descendía,
Y a ti ya no te veía, mi sudor eran tus lágrimas
y mi oscuridad se hundió ese día...