Julius 1200
Poeta fiel al portal
Atrae el vuelo vertiginoso y delicado,bajan
del cielo rotundo envueltas en flores.
La arena borracha ha precisado el sitio,allí.
El hombre vacilante de pelo enmarañado
Llegó con pasos confusos y quedó tendido
su mole cayó y despertó a los playeros que
se divertían o paseaban bordeando el mar
Las gaviotas indiferentes merodean y los
curiosos finalmente se alejan para siempre
son los más rezagados son los más intrigados.
Desde cierto tiempo el corpachón hiede, es
para taparse la nariz ante ese extraño de
ningún interés, las gaviotas se le acercan
parecen ángeles con órdenes muy precisas.
El hombre hediondo recibe el sol implacable,
que apenas le deja entrever, pero no despertará.
Ahora la arena ardiente se ocupará de darle
cobijo. Y las gaviotas serán sus ángeles.
La hediondez aleja a los pocos curiosos,
Tímidas olas avanzan y oscilan un poco,
excavan y excavan, se va hundiendo en
la improvisada excavación mientras le
curan las heridas del alma.
El apenas se mueve esbozando muecas,
se ha hermanado con las gaviotas que no
le temen a ese contacto y merodean sin
indiferencia.
Es necesario que él recuerde, recuerde,
recuerda cuando fue un muchacho pletórico
que lúcido se refugiaba en la cercanas dunas
y en la oscuridad hacía el amor con ella.
Y luego, ambos se internaban en el mar
para nadar a grandes brazadas y se besaban
riendo; y el mar guardaba sus secretos...
del cielo rotundo envueltas en flores.
La arena borracha ha precisado el sitio,allí.
El hombre vacilante de pelo enmarañado
Llegó con pasos confusos y quedó tendido
su mole cayó y despertó a los playeros que
se divertían o paseaban bordeando el mar
Las gaviotas indiferentes merodean y los
curiosos finalmente se alejan para siempre
son los más rezagados son los más intrigados.
Desde cierto tiempo el corpachón hiede, es
para taparse la nariz ante ese extraño de
ningún interés, las gaviotas se le acercan
parecen ángeles con órdenes muy precisas.
El hombre hediondo recibe el sol implacable,
que apenas le deja entrever, pero no despertará.
Ahora la arena ardiente se ocupará de darle
cobijo. Y las gaviotas serán sus ángeles.
La hediondez aleja a los pocos curiosos,
Tímidas olas avanzan y oscilan un poco,
excavan y excavan, se va hundiendo en
la improvisada excavación mientras le
curan las heridas del alma.
El apenas se mueve esbozando muecas,
se ha hermanado con las gaviotas que no
le temen a ese contacto y merodean sin
indiferencia.
Es necesario que él recuerde, recuerde,
recuerda cuando fue un muchacho pletórico
que lúcido se refugiaba en la cercanas dunas
y en la oscuridad hacía el amor con ella.
Y luego, ambos se internaban en el mar
para nadar a grandes brazadas y se besaban
riendo; y el mar guardaba sus secretos...
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