RDZ
Poeta recién llegado
Llueve, desde ayer. Si, ya lo sé. Circulaba por el puente Puyrredon y al ver el nivel del agua me irrumpió un flash back gigantesco que solo volvió a depositar mis pies sobre el suelo ya en casa cuando absorto miraba por TV la costa de Quilmes. Ahí entre el club de pescadores y la glorieta de la rotonda, ahí estacionaba mi R6, los días de lluvia, para pintar mis platos. La témpera adquiría una fusión muy especial sobre la loza, al diluirse en extremo, mezclaba sus colores y generaba nuevos paisajes, distintos de los que yo miraba, algunos quedaban bien y otros no tanto. Por ahí pasaba un carro tirado por un caballo con dos gorritas que juntaban basura, pero no representaba ningún riesgo. Mis platos, que horas mas tarde colgaría con cuidado en mi habitación, presumían tristeza, sus sauces mojados, longilíneos acariciando el horizonte demostraban angustia. porqué? Si yo vivía feliz, sin necesidades, en una familia nuclear. Era el pródromo, el presagio de los futuros éxitos y frustraciones que llegarían con la adultez. Y ahí se terminaron mis pinturas.
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