Sueño bucólico (Microrrelato)

capinacho

Poeta recién llegado
Las cigarras comenzaron su vespertino canto, se percibe en el aire el olor a humo de leña y el aroma gentil de la cena filtrandose en las tejas de barro. Un anciano cierra la biblia y coloca sus lentes al lado de la vela que acaba de encender su esposa. El espacio es amable y las estrellas aparecen poco a poco en el cielo. En la cocina se sirve café, en la sala el cristo colgado y en la recamara un quinqué crea un juego de luz y sombra en los libros. La jornada se terminó y es hora de escuchar el silencio, el siguiente día hay más por hacer.
Un ruido impropio encrespó su audición y el octogenario interrumpió su sueño. Eran las cinco de la mañana, una motocicleta surcó la avenida, frente al edificio Bugambilia.
Había jornada, pero no azadón; ni guadaña; ni rastrillo; ni cigarras.
 
Las cigarras comenzaron su vespertino canto, se percibe en el aire el olor a humo de leña y el aroma gentil de la cena filtrandose en las tejas de barro. Un anciano cierra la biblia y coloca sus lentes al lado de la vela que acaba de encender su esposa. El espacio es amable y las estrellas aparecen poco a poco en el cielo. En la cocina se sirve café, en la sala el cristo colgado y en la recamara un quinqué crea un juego de luz y sombra en los libros. La jornada se terminó y es hora de escuchar el silencio, el siguiente día hay más por hacer.
Un ruido impropio encrespó su audición y el octogenario interrumpió su sueño. Eran las cinco de la mañana, una motocicleta surcó la avenida, frente al edificio Bugambilia.
Había jornada, pero no azadón; ni guadaña; ni rastrillo; ni cigarras.
Todo queda a la sublime imaginación, que extraño es despertar de ese modo, me ha pasado, saludos
 
Las cigarras comenzaron su vespertino canto, se percibe en el aire el olor a humo de leña y el aroma gentil de la cena filtrandose en las tejas de barro. Un anciano cierra la biblia y coloca sus lentes al lado de la vela que acaba de encender su esposa. El espacio es amable y las estrellas aparecen poco a poco en el cielo. En la cocina se sirve café, en la sala el cristo colgado y en la recamara un quinqué crea un juego de luz y sombra en los libros. La jornada se terminó y es hora de escuchar el silencio, el siguiente día hay más por hacer.
Un ruido impropio encrespó su audición y el octogenario interrumpió su sueño. Eran las cinco de la mañana, una motocicleta surcó la avenida, frente al edificio Bugambilia.
Había jornada, pero no azadón; ni guadaña; ni rastrillo; ni cigarras.
El dia se termino con brevedad..., la jornada se diluyo, uno pensaba
en mucho pero el preambulo del sueño se rompio. un bello eje en
una microprosa excelente. saludos de luzyabsenta
 

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