Agatha Maquiavela
Poeta recién llegado
El tocadiscos,
gira y gira en mi cabeza,
y esa dulzona y torcida melodía
danza en mi interior,
sublevando horriblemente
los sentimientos más escondidos
de mi alma.
Era un viernes,
lo recuerdo,
y en mi mente aún veo tus dedos
caminar melancólicamente sobre tu piano,
también triste.
Pero lo que más recuerdo es,
sin duda alguna,
las amargas notas del violín de mi amada,
llenando el salón
con una atmósfera lacrimosa.
Luego el silencio hacía una breve aparición,
para después desaparecer
inmerso y sumergido en esa triste tonada azul.
Afuera, la lluvia trataba de borrar el dolor,
pero fue en vano.
Y esa melodía,
aún después de tanto tiempo,
sigue inundando mi ánima
de la más tierna nostalgia
que jamás ha sentido.
Las lágrimas más verdes y tiernas
que en mis ojos se han posado.
Te amo en tu exanimeidad,
aunque despertaste sin darte cuenta.
gira y gira en mi cabeza,
y esa dulzona y torcida melodía
danza en mi interior,
sublevando horriblemente
los sentimientos más escondidos
de mi alma.
Era un viernes,
lo recuerdo,
y en mi mente aún veo tus dedos
caminar melancólicamente sobre tu piano,
también triste.
Pero lo que más recuerdo es,
sin duda alguna,
las amargas notas del violín de mi amada,
llenando el salón
con una atmósfera lacrimosa.
Luego el silencio hacía una breve aparición,
para después desaparecer
inmerso y sumergido en esa triste tonada azul.
Afuera, la lluvia trataba de borrar el dolor,
pero fue en vano.
Y esa melodía,
aún después de tanto tiempo,
sigue inundando mi ánima
de la más tierna nostalgia
que jamás ha sentido.
Las lágrimas más verdes y tiernas
que en mis ojos se han posado.
Te amo en tu exanimeidad,
aunque despertaste sin darte cuenta.