Carlos Aguilera Sendagorta
Poeta recién llegado
Del cielo abierto caído
a una sima profunda
abajo negro, oscuro encima.
Y nada salvo angustia
recorriendo tu cara en el descenso.
Agujero sin fondo; sin fin el miedo;
sin agua, sin viento.
No hay nada que ver
sólo las manos
buscando aferrarse a las tinieblas
palmoteando el abismo en el vacío.
Nunca hay final;
no hay ya ni muerte.
No hay sino sudor frío
por mi frente
y la mano suave que me tienta
cuidadosa de extraerme de mis miedos.
No hay consuelo salvo en tus dedos
rozando mi frente y mi cabello;
y tu palabra queda que serena
mi pavoroso delirio, mis quimeras.
No hay final, mi amor, salvo si besas
mi sien derecha,
y atusas mi pelo
y secas mi conciencia.