A veces quieta y callada, deja ver a través de sus aguas,
que penetre la mirada hasta el fondo,
sin una sola queja, quieta y callada.
A veces se ondula y me mece, susurra la brisa,
susurra al oido, palabras sinuosas, azules plata,
despierta verdes deseos, sonnolientos y perezos.
Otras veces se encabrita y la mar se llena de espuma,
espuma de plata, zarandea impetuosa mi frágil barca,
y grita y me sube y baja, impetuosa me agita,
me fascina, la quiero, la deseo.
Empuño los remos y pongo rumbo al puerto,
dónde los muros de piedra me protegerán,
de su impetú desbordado que me perturba,
que me hace vacilar, que me hace desvariar.
El miedo, que me hace regresar,
al puerto seguro, tranquilo, sosegado,
dónde no navego, dónde solo hay que flotar,
dónde atada mi barca se mece suavemente,
entre sueños de piedras y agua.
que penetre la mirada hasta el fondo,
sin una sola queja, quieta y callada.
A veces se ondula y me mece, susurra la brisa,
susurra al oido, palabras sinuosas, azules plata,
despierta verdes deseos, sonnolientos y perezos.
Otras veces se encabrita y la mar se llena de espuma,
espuma de plata, zarandea impetuosa mi frágil barca,
y grita y me sube y baja, impetuosa me agita,
me fascina, la quiero, la deseo.
Empuño los remos y pongo rumbo al puerto,
dónde los muros de piedra me protegerán,
de su impetú desbordado que me perturba,
que me hace vacilar, que me hace desvariar.
El miedo, que me hace regresar,
al puerto seguro, tranquilo, sosegado,
dónde no navego, dónde solo hay que flotar,
dónde atada mi barca se mece suavemente,
entre sueños de piedras y agua.
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