Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
De las manos calientes del silencio,
pasando por la mueca del destino,
se abre hueco un espejo, virgen,
como el olvido,
esa imagen borrosa y arrugada,
que agujerea el viento
con rachas de memoria,
que se hunde en sí misma
como una mancha negra,
que absorbe la marea, el relente de la luna.
Siempre con su frialdad, se presenta en la escarcha,
vívida entre cristales,
exangüe en las fogatas.
Pero no brilla el sol,
no por donde se pone,
y un sutil cosquilleo
se lleva el aire, duermo, este onírico atrezzo,
me pregunto si alguna vez despierto...
O si solo unifico mi existencia…
O si el sueño es real..
Y no un simple listado de propósitos.
De paisajes que cruzan los sentidos, se instalan en la mente, dándonos por perdidos.
pasando por la mueca del destino,
se abre hueco un espejo, virgen,
como el olvido,
esa imagen borrosa y arrugada,
que agujerea el viento
con rachas de memoria,
que se hunde en sí misma
como una mancha negra,
que absorbe la marea, el relente de la luna.
Siempre con su frialdad, se presenta en la escarcha,
vívida entre cristales,
exangüe en las fogatas.
Pero no brilla el sol,
no por donde se pone,
y un sutil cosquilleo
se lleva el aire, duermo, este onírico atrezzo,
me pregunto si alguna vez despierto...
O si solo unifico mi existencia…
O si el sueño es real..
Y no un simple listado de propósitos.
De paisajes que cruzan los sentidos, se instalan en la mente, dándonos por perdidos.