Ayer soñé con mis muertos otra vez:
la eterna sonrisa de mi hermano Juan,
la loca mirada del Trapper, los churos
de su gran cabeza alardeando el vuelo de
los canábicos cielos verdes de septiembre.
Reunidos todos alrededor de una fogata
donde ardían las leyes y la sociedad,
donde la miseria de los hombres
se convertía en dócil ceniza gris,
como las cenizas de mi hermano Juan.
Un fuego purificador que abrasaba
a la verdad vestida de moral y de decencia,
que destripaba al rojo vivo la verdad,
la más puta de la verdades: la muerte.
Carcajadas en la noche entre las brumas
del recuerdo impenetrable,
que sin ser cierto se alegra de que exista,
al menos durante esos fugaces instantes.
Un abrazo entre un millón de sombras
que como fantasmas van desapareciendo
con el ensordecedor rugir de la vida.
Morí en mis muertos y ellos me dan vida,
la vida que un día pasé con ellos
y que ahora resurge entre mis sueños.
la eterna sonrisa de mi hermano Juan,
la loca mirada del Trapper, los churos
de su gran cabeza alardeando el vuelo de
los canábicos cielos verdes de septiembre.
Reunidos todos alrededor de una fogata
donde ardían las leyes y la sociedad,
donde la miseria de los hombres
se convertía en dócil ceniza gris,
como las cenizas de mi hermano Juan.
Un fuego purificador que abrasaba
a la verdad vestida de moral y de decencia,
que destripaba al rojo vivo la verdad,
la más puta de la verdades: la muerte.
Carcajadas en la noche entre las brumas
del recuerdo impenetrable,
que sin ser cierto se alegra de que exista,
al menos durante esos fugaces instantes.
Un abrazo entre un millón de sombras
que como fantasmas van desapareciendo
con el ensordecedor rugir de la vida.
Morí en mis muertos y ellos me dan vida,
la vida que un día pasé con ellos
y que ahora resurge entre mis sueños.