¿Quién le pone al amor precio?
¿Quién es el necio que lo paga?
¿Quién cambia calor por frío desprecio?
¿Quién me hunde en el pecho esta daga?
Cuando me quité la venda
mi corazón ya estaba en tus manos,
pobre náufrago a merced de la tormenta,
no quiere darse cuenta
que no piensas rescatarlo.
Cuando te quitaste la máscara
y dejaste ver lo que había debajo
busqué la venda arrojada
para que la verdad no me dañara,
pero ya me había atravesado.
Esta es mi descarga
de dolor y de rabia,
mi tormenta imperfecta,
mi final infeliz aquí comienza,
el otro lado de la lágrima,
la única forma que encuentro
de ponerle carne y huesos
a un alma lastimada.
Todo porque me rompiste el corazón
y convertí esa sangre en tinta
para sacar algo bueno
de la experiencia más dolorosa de mi vida.
Pero lo cierto es que todo es mentira;
sangrar no limpia las heridas, sólo debilita.
El amor es ciego y sordo
pero no manco,
lo que lo hace peligroso,
nadie habla de lo que hay al otro lado,
de lo difícil que es mantener la cabeza fría
cuando el corazón está ardiendo,
cuesta imaginar lo que puede uno aguantar
dentro de este incendio.
Pero estoy seguro
de que estarás satisfecha con todo esto,
pues me dejaste moribundo,
y yo a cambio te inmortalicé con estos versos.
No está mal el trato,
y tú sabes cómo hacerlo,
pues parece que sales ganando
siempre que me pierdo,
No puedo evitar sentirme estafado
al ver que después de todo lo que he dado
al final me haya quedado esto.
Te llevaste de mí todo lo mejor,
te llevaste todo mi amor,
pero olvidaste llevarte el resto.
Para ti fue muy fácil superarlo,
te bastó con dar el cambiazo,
tocar un botón y olvidar,
con paso firme y nunca lento,
sin culpa ni remordimiento,
sin mirar para atrás.
Yo, sin embargo, me quedé a medio camino
entre mis recuerdos y tu olvido
buscando la forma de comprender,
pensando que al haberte ido
todo lo había perdido
y así me fui echando a perder.
Mi fallo fue ver en ti
una aguja en un pajar,
más tarde comprendí
que eran mis ojos los que te hacían brillar,
que estaba dentro de mí
lo que te hacía especial.
Mi fallo fue pensar que podía contar contigo
cuando te necesitara
como tú contaste conmigo
cuando me necesitaste,
mostrarme con mis fallas y debilidades,
pero tú buscabas la salida de emergencia
y mientras me venía abajo abandonaste.
Me pareció normal que lo hicieras,
me sentí incluso hasta culpable.
Entonces me propuse salir
del agujero como fuera,
todo para que me quisieras como antes,
y al final lo conseguí,
no sabría decir cómo,
sólo sé que fui capaz de levantarme solo,
y me pulí, me reinventé a mí mismo,
volví de las sombras con más brillo,
y todo lo hice por ti, absolutamente todo,
todo para que pudiéramos ser felices
y mientras yo pasaba por ese purgatorio
tú estabas de todo menos triste,
tú estabas con otro, tú nunca me quisiste
y si lo hiciste lo olvidaste pronto.
Dime qué fui para ti, de verdad que no entiendo
cómo puedes ser tan fría
para que se te dé tan bien jugar con fuego.
para acabar haciendo
que yo también sea un témpano de hielo,
cada vez más duro, cada vez más frío,
soy un iceberg y sólo ves el pico,
lo que hay debajo no lo sé ni yo mismo.
Sé que es difícil mantenerse en un barco que se hunde,
pero tú que conseguiste que te creyera el timón,
hiciste que olvidara que las ratas son las primeras que huyen,
dime en qué punto del camino perdiste el corazón.
Estoy dispuesto a ir a buscarlo, no para quedármelo,
sino para devolvértelo y que seas capaz de sentir algo.
De muchas cosas me arrepiento
que aún así no cambiaría,
pero lo que sí lamento
es haber puesto mis cartas boca arriba,
haberme mostrado como un libro abierto,
no sé en qué punto ocurrió
o si fue un proceso,
pero al final me entregué por completo.
Dime que no fue un error hacerlo,
o mejor no digas nada
que ya me has demostrado
que en tu caso en un sentido van las palabras
y los hechos en el contrario.
Ojalá hubieses sido un poco menos falsa,
prefiero una verdad desgarradora
a tus malditas mentiras piadosas,
por no hablar de las artimañas que utilizas
para no sentirte culpable
y tener la conciencia tranquila,
pues distorsionas tu imagen de mí
para que te resulte más fácil olvidarme
y así tu mente me convierte en uno que no fui
y justifica que me dañes
para convencerte de que haces lo correcto.
Sé al menos realista y consecuente
y reconoce que en todo esto
no tienes nada que reprocharme,
después de todo, y ambos lo sabemos,
fuiste tú la que cambiaste,
pues cambiaste de sentimientos
con la misma facilidad
que quien cambia de sombrero.
Dime cómo podré volver a confiar en alguien
después de haber confiado en ti,
tú que sabes, dime cómo se hace
para cambiar de corazón así como así.
Me convertiste en el payaso de tu circo
y sólo hiciste malabares conmigo,
y yo, funambulista de tus sentimientos,
me confié tanto de tus besos
que avancé sin una red debajo,
y cuando aflojaste la cuerda floja
no me quedó otra que recoger mis pedazos.
Me has visto de pie, me has visto de rodillas,
me has visto arrastrándome.
Esto último ha subido tu autoestima
y te ha dado alas para hacer lo que te diera la gana
pensando que estaré siempre esperándote.
Y si me muevo un ápice encima me acusas de ser inestable
pero tengo que recordarte que fuiste tú la que me montaste
sin preguntar en esta montaña rusa emocional
de la que ahora no sé cómo bajarme.
Paso del amor al odio en un segundo,
de la pena a la rabia,
con la misma facilidad cierro mis puños
que dejo brotar mis lágrimas.
Aprieto los dientes y en mi garganta se hace un nudo,
doy un paso al frente y nuevamente me derrumbo.
Si te hubieras tomado el trabajo
de tener dos dedos de frente y no debajo
tal vez hubieras sido más sincera
pero tristemente no es el caso.
Cuando la mosquita muerta
se convirtió en viuda negra
tú te quitaste la máscara y yo la venda.
La realidad no siempre agrada,
pero, ¿que agreda de esta manera?
Aún así prefiero que lo haga sin anestesia.
La cruz de la moneda
pesa tanto como la cara,
no dejaré que mi suerte dependa
del lado en que decidas que caiga,
pues contigo siempre me la he jugado,
ya lo sabes, a todo o nada,
no quise quedarme a medias.
Ésa nunca fue una opción.
Las limosnas que me has dado
te las quedas, te las guardas.
Te las devuelvo reconociendo
que en su momento fui yo quien te las pidió.
Ahora ni yo me pierdo ni tú me ganas.
Ahora te empato un rato
y mano a mano y cara a cara
hacemos cuentas y recupero
lo poco que me queda de corazón
pagando las consecuencias de tus causas;
la calma tras la explosión.
Por fin veo cómo nuestra estrella se apaga,
aunque hace tiempo que se apagó.
¿Quién es el necio que lo paga?
¿Quién cambia calor por frío desprecio?
¿Quién me hunde en el pecho esta daga?
Cuando me quité la venda
mi corazón ya estaba en tus manos,
pobre náufrago a merced de la tormenta,
no quiere darse cuenta
que no piensas rescatarlo.
Cuando te quitaste la máscara
y dejaste ver lo que había debajo
busqué la venda arrojada
para que la verdad no me dañara,
pero ya me había atravesado.
Esta es mi descarga
de dolor y de rabia,
mi tormenta imperfecta,
mi final infeliz aquí comienza,
el otro lado de la lágrima,
la única forma que encuentro
de ponerle carne y huesos
a un alma lastimada.
Todo porque me rompiste el corazón
y convertí esa sangre en tinta
para sacar algo bueno
de la experiencia más dolorosa de mi vida.
Pero lo cierto es que todo es mentira;
sangrar no limpia las heridas, sólo debilita.
El amor es ciego y sordo
pero no manco,
lo que lo hace peligroso,
nadie habla de lo que hay al otro lado,
de lo difícil que es mantener la cabeza fría
cuando el corazón está ardiendo,
cuesta imaginar lo que puede uno aguantar
dentro de este incendio.
Pero estoy seguro
de que estarás satisfecha con todo esto,
pues me dejaste moribundo,
y yo a cambio te inmortalicé con estos versos.
No está mal el trato,
y tú sabes cómo hacerlo,
pues parece que sales ganando
siempre que me pierdo,
No puedo evitar sentirme estafado
al ver que después de todo lo que he dado
al final me haya quedado esto.
Te llevaste de mí todo lo mejor,
te llevaste todo mi amor,
pero olvidaste llevarte el resto.
Para ti fue muy fácil superarlo,
te bastó con dar el cambiazo,
tocar un botón y olvidar,
con paso firme y nunca lento,
sin culpa ni remordimiento,
sin mirar para atrás.
Yo, sin embargo, me quedé a medio camino
entre mis recuerdos y tu olvido
buscando la forma de comprender,
pensando que al haberte ido
todo lo había perdido
y así me fui echando a perder.
Mi fallo fue ver en ti
una aguja en un pajar,
más tarde comprendí
que eran mis ojos los que te hacían brillar,
que estaba dentro de mí
lo que te hacía especial.
Mi fallo fue pensar que podía contar contigo
cuando te necesitara
como tú contaste conmigo
cuando me necesitaste,
mostrarme con mis fallas y debilidades,
pero tú buscabas la salida de emergencia
y mientras me venía abajo abandonaste.
Me pareció normal que lo hicieras,
me sentí incluso hasta culpable.
Entonces me propuse salir
del agujero como fuera,
todo para que me quisieras como antes,
y al final lo conseguí,
no sabría decir cómo,
sólo sé que fui capaz de levantarme solo,
y me pulí, me reinventé a mí mismo,
volví de las sombras con más brillo,
y todo lo hice por ti, absolutamente todo,
todo para que pudiéramos ser felices
y mientras yo pasaba por ese purgatorio
tú estabas de todo menos triste,
tú estabas con otro, tú nunca me quisiste
y si lo hiciste lo olvidaste pronto.
Dime qué fui para ti, de verdad que no entiendo
cómo puedes ser tan fría
para que se te dé tan bien jugar con fuego.
para acabar haciendo
que yo también sea un témpano de hielo,
cada vez más duro, cada vez más frío,
soy un iceberg y sólo ves el pico,
lo que hay debajo no lo sé ni yo mismo.
Sé que es difícil mantenerse en un barco que se hunde,
pero tú que conseguiste que te creyera el timón,
hiciste que olvidara que las ratas son las primeras que huyen,
dime en qué punto del camino perdiste el corazón.
Estoy dispuesto a ir a buscarlo, no para quedármelo,
sino para devolvértelo y que seas capaz de sentir algo.
De muchas cosas me arrepiento
que aún así no cambiaría,
pero lo que sí lamento
es haber puesto mis cartas boca arriba,
haberme mostrado como un libro abierto,
no sé en qué punto ocurrió
o si fue un proceso,
pero al final me entregué por completo.
Dime que no fue un error hacerlo,
o mejor no digas nada
que ya me has demostrado
que en tu caso en un sentido van las palabras
y los hechos en el contrario.
Ojalá hubieses sido un poco menos falsa,
prefiero una verdad desgarradora
a tus malditas mentiras piadosas,
por no hablar de las artimañas que utilizas
para no sentirte culpable
y tener la conciencia tranquila,
pues distorsionas tu imagen de mí
para que te resulte más fácil olvidarme
y así tu mente me convierte en uno que no fui
y justifica que me dañes
para convencerte de que haces lo correcto.
Sé al menos realista y consecuente
y reconoce que en todo esto
no tienes nada que reprocharme,
después de todo, y ambos lo sabemos,
fuiste tú la que cambiaste,
pues cambiaste de sentimientos
con la misma facilidad
que quien cambia de sombrero.
Dime cómo podré volver a confiar en alguien
después de haber confiado en ti,
tú que sabes, dime cómo se hace
para cambiar de corazón así como así.
Me convertiste en el payaso de tu circo
y sólo hiciste malabares conmigo,
y yo, funambulista de tus sentimientos,
me confié tanto de tus besos
que avancé sin una red debajo,
y cuando aflojaste la cuerda floja
no me quedó otra que recoger mis pedazos.
Me has visto de pie, me has visto de rodillas,
me has visto arrastrándome.
Esto último ha subido tu autoestima
y te ha dado alas para hacer lo que te diera la gana
pensando que estaré siempre esperándote.
Y si me muevo un ápice encima me acusas de ser inestable
pero tengo que recordarte que fuiste tú la que me montaste
sin preguntar en esta montaña rusa emocional
de la que ahora no sé cómo bajarme.
Paso del amor al odio en un segundo,
de la pena a la rabia,
con la misma facilidad cierro mis puños
que dejo brotar mis lágrimas.
Aprieto los dientes y en mi garganta se hace un nudo,
doy un paso al frente y nuevamente me derrumbo.
Si te hubieras tomado el trabajo
de tener dos dedos de frente y no debajo
tal vez hubieras sido más sincera
pero tristemente no es el caso.
Cuando la mosquita muerta
se convirtió en viuda negra
tú te quitaste la máscara y yo la venda.
La realidad no siempre agrada,
pero, ¿que agreda de esta manera?
Aún así prefiero que lo haga sin anestesia.
La cruz de la moneda
pesa tanto como la cara,
no dejaré que mi suerte dependa
del lado en que decidas que caiga,
pues contigo siempre me la he jugado,
ya lo sabes, a todo o nada,
no quise quedarme a medias.
Ésa nunca fue una opción.
Las limosnas que me has dado
te las quedas, te las guardas.
Te las devuelvo reconociendo
que en su momento fui yo quien te las pidió.
Ahora ni yo me pierdo ni tú me ganas.
Ahora te empato un rato
y mano a mano y cara a cara
hacemos cuentas y recupero
lo poco que me queda de corazón
pagando las consecuencias de tus causas;
la calma tras la explosión.
Por fin veo cómo nuestra estrella se apaga,
aunque hace tiempo que se apagó.
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