yomboki
Poeta que considera el portal su segunda casa
Supón amor
que floreces en mis manos
y cambias la adusta rutina
de tus nueve horas cada siete días
por la poco prudente posibilidad
de asilarte en mi locura
como una mariposa en peligro de extinción.
Supongamos pues,
que colgamos todas las caricias
cargadas de amnesia
en el cielo próximo de tu habitación
y jugamos después a atraparlas
y sembrarlas en el fértil de tu cuerpo
con paciencia de un peatón con retraso.
Son tan infinitas las horas de los días comunes,
aquellos donde no estas
y te presiento enfadada
y con la ira a punto de ebullición
o afanada como cavernícola que inventa la rueda
en un computador;
cuando solo das señales de vida a través de un teléfono burlón
y mantenido
y te mantienes prudente como un gato burlón
atrás de mi ventana,
ausente y gélida,
lejos de mi habitación.
que floreces en mis manos
y cambias la adusta rutina
de tus nueve horas cada siete días
por la poco prudente posibilidad
de asilarte en mi locura
como una mariposa en peligro de extinción.
Supongamos pues,
que colgamos todas las caricias
cargadas de amnesia
en el cielo próximo de tu habitación
y jugamos después a atraparlas
y sembrarlas en el fértil de tu cuerpo
con paciencia de un peatón con retraso.
Son tan infinitas las horas de los días comunes,
aquellos donde no estas
y te presiento enfadada
y con la ira a punto de ebullición
o afanada como cavernícola que inventa la rueda
en un computador;
cuando solo das señales de vida a través de un teléfono burlón
y mantenido
y te mantienes prudente como un gato burlón
atrás de mi ventana,
ausente y gélida,
lejos de mi habitación.