darwinsin
Poeta que considera el portal su segunda casa
Yacen al otro lado del cristal
los fantasmas de mi orgullo.
Empaño con mi hálito el vidrio
que separa lo absurdo
de lo inmanente.
Desdeño utopías en el ombligo
de tu sexo,
en el seno rebosante
de nutrición,
en el canguil etéreo
y maternal;
pruebo la gota de hierro
de tu matriz.
Placenta de chocolate,
quiste de caramelo,
ovarios de disfrute.
Entra en sopor la noche,
te acaricio un pecho y sonríes.
Flotando en el flujo
de una fontana ulular,
un fitoplancton navega
por el torso de la excitación.
Salutífera descarga de ansiedad
en los orámenes
de un espíritu corroído
por el pecado.
Exudando tu elixir,
contracción en la pierna de la pasión
y en la molicie
de tus caderas renacen suspiros aliviados.
Anastomosis de bestias intrínsecas,
fusión de salivas acres,
sabor sinestésico
de un ambiente sórdido.
A una nube ilusoria llega mi ímpetu
y de inmediato atraes
de mi sistema un aliento siniestro.
¡Sonríes cuando beso tu seno diestro!