Jaime Zamorano Ramírez
Poeta recién llegado
Un tierno abrazo, miradas cariñosas, turbadoras emociones,
añosos misterios de silencio, largos caminos recorridos...
miles de recuerdos y dulces sentimientos encontrados,
cual centellas fugaces nos traspasaron el alma en un instante,
insuflando nueva vida a nuestros corazones solitarios.
Tierno amor de adolescencia, emerges gloriosa y etérea
despertando mis sentires dormidos, reviviendo ilusiones
desdibujadas por el mohoso velo del tiempo...
descorriendo lentamente ajadas y descoloridas cortinas
para abrir amorosamente las ventanas de mi ser.
En este bello amanecer, obsequio del cielo,
alborozado danza mi espíritu embriagado de amor,
ansioso de tus besos y suaves caricias juveniles
que mi asombrada mente jamás pudo olvidar...
y revolotean incesantes cual traviesas avecillas del bosque.
Deseo cobijarte entre mis brazos y al vaivén de la brisa
acariciar tus cabellos, con la complicidad de la luna
iluminando dulcemente nuestras cuitas amorosas...
arrullados por románticas sinfonías de noctámbulos grillos
cuyas melodías sellarán el éxtasis de nuestra pasión.
Ante la silente presencia de titilantes estrellas,
y bajo las altivas copas de centenarias araucarias,
ambos seremos para siempre una sola identidad...
para jamás nunca vagar aislados por el universo
y en abrazo sublime ascender unidos a la inmensidad...
añosos misterios de silencio, largos caminos recorridos...
miles de recuerdos y dulces sentimientos encontrados,
cual centellas fugaces nos traspasaron el alma en un instante,
insuflando nueva vida a nuestros corazones solitarios.
Tierno amor de adolescencia, emerges gloriosa y etérea
despertando mis sentires dormidos, reviviendo ilusiones
desdibujadas por el mohoso velo del tiempo...
descorriendo lentamente ajadas y descoloridas cortinas
para abrir amorosamente las ventanas de mi ser.
En este bello amanecer, obsequio del cielo,
alborozado danza mi espíritu embriagado de amor,
ansioso de tus besos y suaves caricias juveniles
que mi asombrada mente jamás pudo olvidar...
y revolotean incesantes cual traviesas avecillas del bosque.
Deseo cobijarte entre mis brazos y al vaivén de la brisa
acariciar tus cabellos, con la complicidad de la luna
iluminando dulcemente nuestras cuitas amorosas...
arrullados por románticas sinfonías de noctámbulos grillos
cuyas melodías sellarán el éxtasis de nuestra pasión.
Ante la silente presencia de titilantes estrellas,
y bajo las altivas copas de centenarias araucarias,
ambos seremos para siempre una sola identidad...
para jamás nunca vagar aislados por el universo
y en abrazo sublime ascender unidos a la inmensidad...
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