Donde el Poeta, requerido de amores por la Muerte, recuerda el famoso mito de la ninfa Syrinx y el dios Pan y no pudiendo metamorfosear su densidad humana decide aceptar la cita amorosa e invita a la Muerte a un dîner aux chandelles chez Bofinger, brasserie à le 4ème; huitres d'Arcachon et spécialités alsaciennes.
SYRINX.
[video=youtube;vvmxsWEN4xw]https://www.youtube.com/watch?v=vvmxsWEN4xw[/video]
Aire, aria, aura sutilísima
en el alma de la caña.
Habitáculo sonoro de la ninfa
estremecido por el trotecillo
lascivo del dios Pan.
Caña frágil como un sueño,
como el momento rojiazul
de un orgasmo que no fue,
sonido encañado en la huída
-trémula carne- de la estatua.
Jardín como laberinto y fuga,
como tarde abatida en el atril
de los desmayados trémolos,
donde un pequeño dios, bajado del tranvía,
cantaba extrañas baladas.
Las hojas se remecen en el suelo,
la ninfa ve endurecidas sus carnes,
el fuego hecho sátiro avanza
entre los parterres y las húmedas
caricias de los amantes paralelos.
Todo fue en aquellos jardines inertes
de Les Buttes Chaumont, ignoro dónde.
Mis pasos hacían llorar la gravilla
y la Muerte, encaramada en el Templete,
me incitaba a poseerla, vieja lasciva.
Yo buscaba, entre los diarios de la tarde,
encontrar la salida al magma frío,
envuelto ya en las oscuras curvas
que a nada conducían, disuelto apenas
en musgo y líquidas serpentinas.
Oh ninfa sonora, caña o túmulo,
habitada por pentagramas vacíos
que sólo el aire como aria, o un aura sutilísima
harían canción, emulando aquella
del cabriolé que -la Muerte y yo- nos llevaba.
Ilust.:Versión de Pan y Syrinx, de Poussin. Por Sonia Abian
(De Página/12 )
SYRINX.
[video=youtube;vvmxsWEN4xw]https://www.youtube.com/watch?v=vvmxsWEN4xw[/video]
Aire, aria, aura sutilísima
en el alma de la caña.
Habitáculo sonoro de la ninfa
estremecido por el trotecillo
lascivo del dios Pan.
Caña frágil como un sueño,
como el momento rojiazul
de un orgasmo que no fue,
sonido encañado en la huída
-trémula carne- de la estatua.
Jardín como laberinto y fuga,
como tarde abatida en el atril
de los desmayados trémolos,
donde un pequeño dios, bajado del tranvía,
cantaba extrañas baladas.
Las hojas se remecen en el suelo,
la ninfa ve endurecidas sus carnes,
el fuego hecho sátiro avanza
entre los parterres y las húmedas
caricias de los amantes paralelos.
Todo fue en aquellos jardines inertes
de Les Buttes Chaumont, ignoro dónde.
Mis pasos hacían llorar la gravilla
y la Muerte, encaramada en el Templete,
me incitaba a poseerla, vieja lasciva.
Yo buscaba, entre los diarios de la tarde,
encontrar la salida al magma frío,
envuelto ya en las oscuras curvas
que a nada conducían, disuelto apenas
en musgo y líquidas serpentinas.
Oh ninfa sonora, caña o túmulo,
habitada por pentagramas vacíos
que sólo el aire como aria, o un aura sutilísima
harían canción, emulando aquella
del cabriolé que -la Muerte y yo- nos llevaba.
Ilust.:Versión de Pan y Syrinx, de Poussin. Por Sonia Abian
(De Página/12 )