Ernst Nietzsche
Poeta recién llegado
Creo en fantasmas y demonios, porque los he visto atormentarme en las noches
entes malignos, encantadoramente malignos, me visitan y torturan a la luz de la luna
¿Es acaso mi imaginación? Sin duda, apariciones oscuras y espectros amorfos
todos ellos con su hogar en mi cabeza, triste nido de engendros, todos amigos mios.
Mis aliados nocturnos que no me dejan caer en un pozo profundo y maldito
que con sus miradas fijas y rojas me hacen olvidar aquellas claras y llenas de vida
que con sus lamentos y quejidos no me dejan escuchar mis pensamientos que moran lejos
con su terrible apariencia no puedo pensar en formas bellas y el olor de los infiernos, ese olor pútrido, no me deja aspirar el aroma de flores que todas las noches, cuando duermo, me hace soñar .
Por eso esta noche le pido a Dios, no, a Satanas, que libere todas las potestades del infierno sobre mí.
Que desate su malicia en ésta mi razón compunjida y desesperada. El suplicio del infierno será mucha más misericordia que mis sueños invadidos por deseos y pasiones inconfesables, reales y dolorosas.
Es imposible no sentir miedo, pues entonces, haré del miedo mi aliado, lo usaré como herramienta para combatir la tristeza. Y si alguna lágrima llegase a escapar de mis ojos, lo usaré de escusa, y diré que de miedo también se llora, que el demonio me vea llorar y me consuele con terrores nocturnos.
El viento de la noche sopla y aulla. Los no muertos silban y los demonios bailan. La misma noche oscura con sus sonidos macabros y sus sombras siniestras me arrulla, y me acurruco en la fría niebla. Dejenme aquí, en la suavidad de mi cama como humeda tierra suelta, dejenme que me sienta en medio de un campo santo y que la oscuridad me coma y el miedo no me deje dormir, y que los únicos sueños que me invadan en la noche, sean dulces pesadillas.
entes malignos, encantadoramente malignos, me visitan y torturan a la luz de la luna
¿Es acaso mi imaginación? Sin duda, apariciones oscuras y espectros amorfos
todos ellos con su hogar en mi cabeza, triste nido de engendros, todos amigos mios.
Mis aliados nocturnos que no me dejan caer en un pozo profundo y maldito
que con sus miradas fijas y rojas me hacen olvidar aquellas claras y llenas de vida
que con sus lamentos y quejidos no me dejan escuchar mis pensamientos que moran lejos
con su terrible apariencia no puedo pensar en formas bellas y el olor de los infiernos, ese olor pútrido, no me deja aspirar el aroma de flores que todas las noches, cuando duermo, me hace soñar .
Por eso esta noche le pido a Dios, no, a Satanas, que libere todas las potestades del infierno sobre mí.
Que desate su malicia en ésta mi razón compunjida y desesperada. El suplicio del infierno será mucha más misericordia que mis sueños invadidos por deseos y pasiones inconfesables, reales y dolorosas.
Es imposible no sentir miedo, pues entonces, haré del miedo mi aliado, lo usaré como herramienta para combatir la tristeza. Y si alguna lágrima llegase a escapar de mis ojos, lo usaré de escusa, y diré que de miedo también se llora, que el demonio me vea llorar y me consuele con terrores nocturnos.
El viento de la noche sopla y aulla. Los no muertos silban y los demonios bailan. La misma noche oscura con sus sonidos macabros y sus sombras siniestras me arrulla, y me acurruco en la fría niebla. Dejenme aquí, en la suavidad de mi cama como humeda tierra suelta, dejenme que me sienta en medio de un campo santo y que la oscuridad me coma y el miedo no me deje dormir, y que los únicos sueños que me invadan en la noche, sean dulces pesadillas.